CUARTA PARTE

Despertó súbitamente de la pesadilla.

Despierta. Guarda silencio. Estamos en problemas.

No, aquello era sólo un recuerdo.

Se quedó quieta, escuchando, observando en la oscuridad. Percibiendo. No, no era solo un recuerdo, no era solo una pesadilla. Algo estaba ocurriendo. Algo real.

Gediman observó abrirse las puertas de la jaula. Era imposible. No podía haber pasado. Han escapado. ¡Escapado! Su único pensamiento coherente fue, Wren va a matarme. Mi beca, mis estudios, todo perdido.

Bordeó en el interior del territorio prohibido, la jaula, intentando aún aceptar la realidad del vacío que tenía enfrente. Caminó cuidadosamente, pisando con precaución a los costados de las salpicaduras que continuaban derritiendo, suavizando el suelo. La sensación del material quemado lo sorprendía.

En el centro de la habitación, el suelo entero había desaparecido, disuelto, convertido en argamasa. Aquello no era posible. ¿Dónde podrían haber ido? ¿Qué podrían hacer?. Se inclinó sobre el agujero, cuidadoso de no pisar nada de la derretida masa. Estaba muy oscuro. No podía ver nada. Quizá estuvieran ahí abajo, atrapados en la rejilla inferior, y los podrían contener… si tan solo pudiera ver.

Se arrodilló, mirando fijamente en la penumbra.

Detrás de él, Carlyn jadeaba, "Oh Dios, Doctor Gediman, ¡tenga cuidado!"

Era peor de lo que había pensado. Podía ver alguna luz ahora. La sangre ya había devorado dos niveles.

"Cristo, Carlyn," dijo él, "podrían estar en cualquier parte."

Repentinamente, algo oscuro y arácnido apareció bajo el borde del suelo derretido. Gediman, que ya observaba más allá del segundo nivel, no lo notó por medio segundo. Medio segundo demasiado tarde.

En un instante, su cerebro registró, seis dedos, uñas largas, una mano inhumana-

Echó la cabeza hacia atrás, pero no lo suficientemente rápido. La inmensa mano envolvió su cara, la aferro, la sostuvo fuertemente. Él gritó, pero el sonido era sofocado por la palma de piel de silicona del Alien. Su terror creció hasta el límite, sobrepasándole, abrazándole, volviéndose un todo. No le preocupaba si lo podían oír. Tenía que gritar. Y lo hizo, una vez. Y otra. Y otra.

Con una fuerza que él jamás hubiese imaginado, el enorme guerrero Alien lo arrastró hacia la oscuridad de la rejilla inferior con un movimiento casi agraciado. El Alien lo abrazó ahí en el suelo, sus brazos rodeaban a Gediman como un amante, manteniéndole apretado, sosteniéndole firmemente, para que no cayera. Después, de modo gentil, el guerrero quitó su mano de su boca y los gritos de Gediman se intensificaron en alaridos de total y puro terror.

La criatura parecía sonreír ahí en la oscuridad, pero como al gato Cheshire, lo único que Gediman podía ver eran esos terribles dientes plateados, riendo. Sonriéndole. Gediman gritó aún más.

Carlyn observó atónita cómo el Dr. Gediman desaparecía súbita e inexplicablemente, bajo el agujero del suelo. No, no inexplicablemente. Ella sabía exactamente lo que había ocurrido. Dios Bendito, lo sabía.

Con los ojos como platos, la boca muy abierta y la barbilla temblando de miedo, Carlyn se aproximó a la puerta de la jaula, y estrelló la mano en los controles que cerraban la puerta.

Estaban ahí afuera. ¡Afuera!

Padre continuaba balbuceando sobre el daño estructural y la violación de seguridad. Los terroristas habían tomado el comedor, y ahora …

Corrió, en pánico, para encontrar a alguien, para buscar ayuda. Pero aquí, en los linderos de Plutón, sabía que no encontraría ayuda. Todos se encontraban encerrados en una terrible lámpara, con el genio más iracundo de todos.

Call nunca había conocido semejante frustración. Observó a Elgyn. Tenía que convencerlo, tenía que hacerlo. Ella podía ver que Elgyn agitaba la mano, creyéndole a medias, casi a punto de perder el control y azotarla.

"Están haciendo experimentos ilegales," casi le gritó al capitán del Betty. "Están criando-"

Johner, todavía medio borracho, la hizo callar. "¡Es una maldita traidora! ¡Cárgate a la perra!

Ella gritó más fuerte, señalando a Wren. "¡Escuchadme! Él está criando una especie Alien aquí. Muy peligrosa. ¡Si esas cosas se liberan, eso hará que la plaga de gusanos de Lacerta parezca un jodido carnaval!"

Elgyn evidentemente consideraba lo que Call estaba diciendo, sus ojos se desviaban de Call a Wren.

De pronto, Christie musitó, "¡Escuchad!" El amortiguado sonido les hizo a todos prestar atención, incluso a Wren y a Distephano.

Era distante, pero podían oírlo. Gritos. Gritos terribles. Todos se quedaron paralizados al percatarse. Muchas voces. Disparos. La secuela de que algo terrible estaba ocurriendo…

Wren se volvió lentamente en dirección al ruido.

Repentinamente, la voz masculina de la computadora prorrumpió: "Emergencia. Las jaulas número cero, cero uno al cero, cero, cero muestran severos daños estructurales que han destruido su integridad estructural. Los especimenes alojados en estas jaulas, ya no están contenidos. Todo el personal debe evacuar el Auriga inmediatamente. Repito. Todo el personal debe evacuar inmediatamente."

Wren gritó, "¡NO!"

En su habitación Martin Pérez despertó sobresaltado, las llamadas de la alarma anunciaban algo inesperado. Por sobre la alarma, la calmada voz de Padre, continuaba indicando los procedimientos de emergencia, ordenando una evacuación inmediata.

¿Evacuación? Pensó Pérez todavía atontado. Eso es imposible. La única razón posible para evacuar el Auriga sería si-

Con un rugido de frustración, Pérez cogió su gorra militar, encasquetándosela en la cabeza y levantándose para alcanzar su uniforme. Si la maldita clon era responsable de esto, él personalmente terminaría de destruir, hasta su última y jodida célula.

El equipo de investigaciones recelaba para ayudar, en el momento de oír el anuncio de Padre. Ninguno de ellos podía creer que los Aliens hubieran escapado. Eso no era posible, ¿o sí? ¿cómo?

El Dr. Brian Clauss era quien más cerca estaba del área de las jaulas cuando comenzó el griterío y los disparos. Corrió hacia el área sin pensar, bajo el influjo de la adrenalina pura. En su carrera, se despojó de su bata de laboratorio. Bajo esta, usaba las mismas ropas que llevaban los soldados.

Al entrar en el complejo, se desplazó cuidadosamente sobre la pista que llevaba al puerto de observación hasta las jaulas. Se detuvo, mirando sorprendido a los cinco soldados muertos que yacían ante él. ¿Estarían realmente muertos? Cuidadosamente se agachó, permaneciendo alerta, consciente de todo a su alrededor. Estaba más cerca de una joven mujer sargento y se puso en cuclillas para tocar su cuello. Bajo la cálida piel, pudo sentir la sangre pulsando, el pulso era fuerte, seguro. ¿Estarían paralizados? No importaba. Ella no podía ayudarlo, no podía decirle lo que había ocurrido.

Brian se puso de pie, avanzó cuidadosamente, observando todo. En un impulso, se agachó, tomó la pistola de la sargento, verificó la carga. Más vale prevenir…

Las ordenes de Wren prohibían matar – él hubiera intentado llegar hasta las criaturas, paralizarlas y recapturarlas. Había trabajado durante suficiente tiempo con el científico en jefe como para saber eso. Pero, al moverse por entre los soldados derribados y las jaulas vacías, Clauss halló más seguridad en el arma que sostenía en la mano.

¡A la mierda con Wren! Decidió Brian. El objetivo de la investigación era aprender de los errores pasados. Revisó a cada soldado derribado, y pensó, uh-uh, yo no. No voy a terminar como ellos. Si uno de esos bastardos me coge por sorpresa, y ya veremos quién termina en el suelo. Quitó el seguro del arma y se encontró listo para la acción, muy agradecido, de pronto, por el entrenamiento en armas que recibió para alistarse en esta misión.

Veamos qué tanto les gusta a esos feos cabrones comerse una de estas balas que tengo para ellos. Siguió avanzando por entre la hilera de jaulas destruidas, cuidadosamente, en silencio, evitando respetuosamente, pisar a alguno de los soldados caídos.

Todas las jaulas estaban destruidas, cada una completamente destruida, ¡incluso las que aún estaban vacías! Y con una violencia que era difícil imaginar. Como si esos animales detestaran el concepto mismo de su cautiverio. Pero aquello era ridículo. Eran solamente animales… ¿o no?

Se hallaba de pie ante la primera jaula. Aquí seguramente había comenzado todo. Escudriñó el interior y vio un enorme y derretido agujero en el suelo. ¿Cómo había ocurrido eso? La luz era escasa, pero creyó ver movimiento en el cavernoso agujero. ¿Estaría uno de ellos aún escondido ahí?

Claus apuntó su arma, pero no podía ver muy bien. Escuchó. Nada. Cuidadosa, muy cuidadosamente, dio un paso a través del destrozado puerto al interior de la propia jaula. Su cuerpo entero estaba rígido, tenso, listo para disparar. Se deslizó entonces al interior, pero se mantuvo cerca del frente, cerca del puerto, observando el agujero.

Ahí. ¿Qué era eso? ¿Algo moviéndose? ¿Algo como una cola?

Miró más atentamente, tomando puntería. Ya no se sentía como un investigador. Se sentía como un soldado. Le encantaría matar a uno de aquellos bastardos, por lo que les habían hecho a los soldados allá afuera, por lo que Carlyn dijo que habían hecho al Dr. Gediman.

El guerrero escondido en el área de observación, esperó hasta que el humano se hallara completamente dentro de la antigua jaula del guerrero, esperó hasta que la presa se apostó tensa, observando a uno de sus hermanos que le atraía moviendo la punta de su cola. Eran tan ingenuos, estos humanos. Observó al científico levantar su arma hasta su cara.

El guerrero aguardó…

El guerrero proyectó luego su lengua, estampándola sobre el detestable botón rojo, manteniéndolo presionado.inocenthuman.jpg

Los jets de gas de nitrógeno rociaron al humano, impregnando sus ropas, salpicando su cara, estremeciéndolo, quemándolo con un frío terrible. El humano giraba bajo la ducha de nitrógeno, tocándose su helada y ardiente cara, lo que provocaba que sus manos se quedaran ahí, pegadas a la carne congelada. La presa gritó hasta que se congelaron sus pulmones y dejó de revolver el aire. Se estrellaba contra la jaula, en agonía, el brazo que sostenía su arma golpeó la pared, rompiéndose por el codo, como una estalactita. Giró nuevamente, chocando con su otro costado en la pared, arrancando el antebrazo, pero con la mano aún pegada a su cara. Luego, finalmente, se colapsó, sus piernas y espina crujieron por la fuerza de su caída, su piel chamuscada, su cuerpo tan quebradizo, que se rompió en pedazos.

El guerrero observó todo, era capaz de ver incluso a través de la nube de gas de nitrógeno. Soltó el botón cuando el humano yació quieto, inmóvil, roto y esparcido por toda la jaula. El humano todavía sería útil como alimento. Regresaría a por él más tarde –cuando el cuerpo no estuviese tan congelado.

El ruido llegó finalmente hasta la celda de Ripley. En la oscuridad, sus ojos se abrieron. Se puso tensa, como siempre hacía al caminar, y escuchó con todos sus sentidos.

Lentamente, emergió de entre la sombra, y se movió hacia el centro de la habitación. Podía oírlos, los humanos, gritando, disparando armas. Podía oír el caos. Tan familiar.

Y podía oír a los guerreros, liberándose, clamando su victoria sobre la presa que había intentado mantenerlos cautivos, los humanos que ahora se volverían los rehenes. A la distancia, pudo escuchar también a la Reina, sentir su júbilo, su amor por los suyos, su aprobación a su coraje.

Escuchaba a los humanos y a los Aliens con todos sus sentidos. Ya había escuchado todo eso antes…

Ellen Ripley no pudo evitarlo. Sentada e inclinada en el suelo de su celda, comenzó a reír. Era una risa sin alegría, rayando en la histeria.

Repentinamente, algo enorme se estrelló contra la puerta, al otro lado de su celda. Ella brincó, sin mayor sobresalto. Aquello golpeó de nuevo, y otra vez, y otra vez. La puerta se abollaba lentamente. Golpeó de nuevo, fuerte, poderoso.

Sus terribles hijos Venían a por ella

8

Llegaría el momento en que Pérez exigiría a un abogado por lo que había ocurrido a bordo de su nave, exactamente quién era el jodido responsable, pero era un comandante lo suficientemente bueno, como para saber que ahora no era el momento. Si Padre determinaba que el peligro al personal era suficiente como para abandonar la nave, entonces eso era lo que harían. No todo se perdería. Podrían controlar al Auriga desde las cápsulas de escape en el espacio, y hacer aterrizar la estación espacial en algún lugar, mientras las criaturas estaban atrapadas en ella. Atrapadas sin una presa. Entonces, tendrían tiempo de encontrar la forma de forzarlas a entrar en nuevas unidades de confinamiento.

Pero estos planes deberían esperar. En estos momentos él estaba obligado a poner a resguardo a sus tropas.

soladosamorir.jpgSus soldados, bien entrenados y confiables, estaban respondiendo a la perfección, como se les había enseñado. La cápsula más cercana se hallaba ya encendida y llena de soldados. Pérez los dirigió eficientemente, rápidamente, sin pérdida de tiempo, sin esfuerzo alguno. Uno por uno, los soldados se deslizaban por un tubo al interior de la cápsula donde se debían poner el equipo de seguridad. Padre seguía el progreso del personal, contando a cada soldado cuando él o ella estaba sentado en su sitio y con el equipo puesto. Faltaba uno…

Olsen se apresuró, tarde como siempre. Si no fuera porque es un técnico tan competente-

"¡Mueve el culo, muchacho, entra en la cápsula!" ladró Pérez al soldado.

Olsen llegó corriendo hasta el tubo, justo cuando la escotilla de la cápsula comenzaba a cerrarse.

El movimiento que percibió Pérez, hizo que levantara la vista.

Súbitamente, una sombra negra, arácnida, enorme, se escurrió hasta el puerto de aterrizaje con increíble rapidez, luego hacia el tubo, deslizándose finalmente por éste al interior de la cápsula.

"¡Señor!" El soldado detrás de él, que operaba los controles de la plataforma de aterrizaje, gritó, señalando.

¡Dios Santo! El general quedó paralizado en la plataforma, observando horrorizado al enorme Alien entrar en la cápsula. "¡Abra la escotilla! ¡Déjelos salir!"

El soldado obedeció, estampando su mano en los controles.

Al abrirse la escotilla, pudieron oír gritos, chillidos, humanos e inhumanos, procedentes del interior de la cápsula.

Esos hombres están ahí atrapados. ¡Sin Armas!

Pérez pudo ver sangre –sangre humana– salpicar los limpios puertos del vehículo de escape. Los gritos se intensificaron.

Pérez se volvió, sacó una granada del cinturón del soldado apostado a sus espaldas, quien observaba con mudo horror, y quitó el seguro.

Justo entonces, Olson intentaba salir por la escotilla como impulsado por un resorte, su cara era una mueca de auténtico terror. Tomó los tubos de la escalerilla de salida/entrada, intentando subir, intentando salir. Unas inmensas y oscuras manos lo tomaron de las piernas, jalándolo al interior, de vuelta al infierno.

"¡Cierra la escotilla!" ordenó Pérez.

"¡Pero, señor…!" protestó el soldado.

"¡Ciérrala ahora!" ordenó el general.

El soldado dudó por un solo segundo, luego obedeció. Cuando la compuerta de la cápsula se cerraba, el general deslizó la granada por el suelo.

"Selle la escotilla" dijo Pérez.

Esta vez no hubo protesta. La granada apenas logró pasar a través de la compuerta, que se cerraba con rapidez. Justo antes de que las compuertas se cerraran, Pérez vio la granada caer dentro de la cápsula. Cuando la compuerta estuvo cerrada, hubo un silencio absoluto –pero Pérez aún podía oír los gritos de los hombres de la cápsula. En su mente, los oiría gritar por siempre.

Empujando a un costado al soldado, tomó los controles del mecanismo y lanzó la cápsula. Pudo sentir la vibración de la nave al ser expulsada del puerto hacia el espacio. Se volvió hacia la pantalla más cercana, observando su descenso.

Después, se encontró fuera del puerto, fuera del Auriga. Sus claros cristales estaban totalmente teñidos de rojo, pero todavía se podían ver siluetas moviéndose en su interior, tras la cortina de sangre.

Con una mueca, Pérez activó el control remoto de la granada que sostenía en la mano. Él y el soldado a su lado observaron la explosión del vehículo, en el silencio del espacio.

Cerró los ojos para dar un momento de tributo a sus soldados caídos, luego, solemnemente, ofreció un saludo a los restos de la nave -que rápidamente se dispersaban- y que representaban a toda una tropa. Se volvió hacia el soldado que estaba a su lado.

Su joven rostro estaba atónito y pasmado. La fuerza de la voz del general lo hizo enfocar la vista en su superior. "Reúna la siguiente tropa en la cápsula número dos y adviértales. ¡Permanezca atento! ¡Andando!"

El soldado se enderezó, y saludó. "¡Sí, señor!" Obedeció inmediatamente, alejándose a trote, dejando solo a Pérez para considerar el vacío donde había habido un salvavidas lleno de soldados.

Solo con sus pensamientos, y con abrumadores remordimientos, Pérez tocó ligeramente la pantalla con la punta de los dedos.

Repentinamente, un escalofrío recorrió su espina y se engarrotó. Lo sintió al momento de aparecer, de algún modo sabiendo el momento exacto en que dejó de estar solo. Una parte de él quería repeler la sensación como algo imaginario, pero la parte de él que durante todos estos años lo había mantenido vivo y acaudalado, decía lo contrario. Continuó observando la pantalla, inmóvil, y finalmente, opacamente, una horrible silueta se reflejó en su superficie, justo detrás de él.

Uno de ellos. Se alzaba, más y más; más alto que el más alto de los hombres, tan raudo como un misil, tan silencioso como la misma Muerte.

Pérez se quedó como una roca, rehusándose a mostrar temor, rehusándose a admitir la derrota. También se lo debía al recuerdo de su tropa muerta. Miró el detestable reflejo mientras el guerrero Alien retraía sus delgados labios en una mueca escalofriante, exponiendo el primer conjunto de dientes plateados. Una espesa saliva goteaba de su boca y levantó sus arácnidas garras para atacar.

La mano de Pérez se movió cautelosamente a su costado. Si tan solo pudiera ser lo suficientemente rápido – aferró la culata de su revólver firmemente y- observó la lengua rígida, dentada, al ser proyectada de la boca del monstruo y se percató, más que sentirlo, que la estrelló en su nuca. El golpe fue tan limpio, tan repentino, tan preciso, que no tuvo oportunidad de sentir dolor, sintió el mortal efecto. No tuvo siquiera tiempo de reaccionar.

La mano que sostenía la culata de su pistola se relajó, inútil, y ya no había sensación en ese lado. Abrumado por la catarata de sucesos tan repentinos, que no los podía comprender, Pérez tocó su nuca con la otra mano, la que todavía podía usar. La trajo hacia delante y abrió una palma llena de sangre y tejido, que vagamente reconoció como su propia materia cerebral.

Luego, su cuerpo reaccionó firmemente, apagando todo al unísono como una máquina, cuya fuente de poder ha sido abruptamente exterminada.

Pérez se desplomó en el suelo y su asesino lo siguió en su caída, agachándose sobre la presa para sus propios propósitos. No quedaba nadie en el lugar para saludar al general, o incluso para reconocer que acababa de hacer el sacrificio supremo por su país, y por el mortal proyecto en el que había creído tan firmemente.

"La cápsula salvavidas número uno ha sido destruida." dijo Padre. Su voz sonaba incoherentemente tranquila. "La cápsula salvavidas número dos ha sido desactivada por fuerzas desconocidas. La emergencia es absoluta. Todo el personal debe evacuar inmediatamente."

"¡No!" gritó Wren muy contrariado. Pudieron oír y sentir la destrucción de la primer cápsula salvavidas incluso ahí, en el comedor. Pudieron escuchar las detonaciones de las armas, cosas explotando, gente –y otras criaturas – gritando.

¡Y esto sigue empeorando! ¿Cómo es posible?

Cuanto más anunciaba Padre sobre la pesadilla que estaba ocurriendo, más iracundo se ponía Wren.

Se giró hacia Call, la mujer que lo había iniciado todo. "¿Qué es lo que ha hecho?"

"¿Yo?" le respondió.

"Muy bien," dijo Elgyn sorprendentemente calmado "ya tuve suficiente. Es hora de salir de aquí. Vayamos hacia el Betty."

La otra mujer, Hillard, lo miró preocupada. "¡El Betty está justo al otro lado de la estación! Sabrá Dios lo que hay en el medio."

Distephano, el soldado, se adelantó para dirigirse a Wren. Él también estaba sorprendentemente tranquilo. "Señor, debemos irnos."

¿Irnos? Pensó Wren, incrédulo. ¡Todo mi trabajo está aquí! ¡No voy a ir a ninguna parte!

Pero antes que pudiera decir algo, Distephano se dirigió a Elgyn. "Dejádle ir. Sin altercados."

¿Qué rayos está urdiendo este soldado con los terroristas? ¡Le repotaré!

Elgyn negó firmemente con la cabeza. "Le soltaremos cuando nos hayamos ido. No antes."

El enorme hombre negro empujó a Wren, casi haciéndole caer. Se percató que los tripulantes del Betty todavía tenían apuntadas sus armas contra él y el soldado. ¡Esto es ridículo! ¡Ultrajante! Él debía ir al laboratorio…

Elgyn se inclinó sobre el cuerpo de uno de los soldados muertos y tomó su arma.

Hillard dijo preocupada, "¿Qué hay de Vriess?"

El horrible hombre llamado Johner gruñó, "¡Al carajo con Vriess!"

Luego, súbitamente, Wren comprendió lo que le ocurría. Comprendió que estas gentes nunca se preocuparían por él, o por su trabajo, o lo que este representaba. ¿Cómo podían, si no eran siquiera capaces de preocuparse por uno de los suyos? Y comprendió que su vida estaba en sus manos.

Miró a Distephano, percatándose de que el soldado era el único aliado potencial, y decidió cooperar hasta que pudiera retomar el control de la situación. Quizá, en el momento adecuado –

Los otros lo empujaron fuera del comedor hacia el corredor, para iniciar su avance.

John Vriess acababa de terminar de empacar todas las partes que quiso, en los diversos compartimentos y ranuras que eran parte de su silla, y que servían en los tiempos de austeridad.

Escuchó sonidos extraños, como detonaciones amortiguadas. Luego hubo gritos. Después la computadora ordenó una evacuación, mientras Vriess intentaba dilucidar qué coño estaba pasando. En silencio, cautelosamente, comenzó a desplazarse hacia el Betty. No creía que Elgyn pudiera irse sin él, pero sabía que a Johner no le apetecería esperar. Incluso si tenía todas aquellas partes y refacciones.

Rodó firmemente por el corredor, extrañamente vacío, manteniendo los ojos muy abiertos. ¿Qué coño habría podido pasar dentro de este gigantesco complejo espacial, que causara un daño suficiente para que la computadora ordenara la evacuación? ¿Cuál era el meollo del asunto?

Estaba a medio camino hacia el final del corredor cuando escuchó algo. Algo por encima de él. Vriess alzó la vista hacia el techo de rejilla. Por entre las rendijas, pudo ver algo moviéndose allá arriba. Las rendijas se estremecían, por el peso. Y pudo oír algo arrastrándose. ¿Ratas? ¿A bordo de una lancha como esta, una nave militar? Imposible. Desde luego, tuvo que palmear para ahuyentar a un mosquito que encontró en el almacén, lo que lo sorprendió un poco, pero…

Lo escuchó de nuevo. Lo que quiera que fuese, se movía. Se movía hacia él. Vriess tuvo la sensación, de que fuera lo que fuese, era grande. Se movía, acercándose, avanzando rápidamente. Justo arriba …

Vriess se inclinó sobre un costado de su silla, moviéndose lenta pero cuidadosamente, sin mayor esfuerzo. Bajo los apoya-brazos de la silla extrajo algo que parecía ser un tubo decorativo, pero que en realidad era parte de un arma. Se inclinó sobre el otro lado de la silla y encontró su complemento. Detrás de él estaba el mecanismo del gatillo. Todo ello estaba astutamente camuflado en el propio diseño de la silla. En tres movimientos, tuvo el arma ensamblada y lista. Todavía muy despacio, con movimientos lentos, apuntó el arma al techo…

Y disparó.

El disparo sonó enorme en el espacio cerrado.

Algo en el techo gritó, un sonido increíblemente agudo e inhumano. Vriess lo podía escuchar alejándose con ondeante movimiento, permitiéndole saber que apenas lo había adelantado. Lo que quiera que fuese. Los ojos de Vriess intentaron seguir la pista del avance de la criatura apresurándose sobre el techo.

Su atención estaba fija, no vio la gota de sangre alienígena suspendida del techo justo por sobre su pierna. La gota cayó casi en el mismo lugar donde Johner le había clavado el cuchillo apenas ayer. Luego, una segunda gota. Y una tercera.

No se percató de ella, hasta que olió su humeante piel y ropas, y bajó la vista para ver que parte de su pierna se derretía. Confundido, horrorizado, Vriess le dio una palmada. Algo de la sustancia que devoraba su pierna se embadurnó en sus dedos y comenzaban a arder como el infierno. Agitó su mano, entonces, casi la puso en su boca antes de darse cuenta de lo que ocurriría. Durante todo ese tiempo, luchó contra el dolor. Se forzó a sí mismo a permanecer callado. No quería que el sonido de sus lamentos atrajera a lo que fuera que había sobre el techo.

Repentinamente, una espesa gota de ácido quemó su oído, y el dolor era tan inmenso que se tuvo que morder los labios para no gritar.

Entonces volvió; lo podía oír – ¿o sería uno diferente? Éste era más agresivo, no sólo revolviéndose por el techo, sino intentando atravesarlo. Súbitamente, pudo romper un borde del entarimado y asomó su cabeza.

Y era todo cabeza, una enorme, alargada, escalofriante cabeza sin ojos, sin orejas, sin pelo, sólo cráneo y –

¡DIENTES!

¡Gigantescos colmillos acerados, millones de ellos en una boca inmensa, siseando justo sobre él! Luego su boca se abrió del todo, y algo salió de ella y – y –

¡TENÍA MAS DIENTES!

Vriess perdió finalmente y gritó, histérico.

Su dedo apretó el gatillo. Disparó, y disparó, y disparó.

La cosa con dientes gritó también y explotó en un millón de fragmentos, todos lloviendo sobre el enloquecido Vriess.

La puerta de su celda se abollaba a medida que las criaturas golpeaban y golpeaban. No resistiría mucho más.

Ripley miró alrededor, intentando encontrar algo, cualquier cosa, que pudiera servirle. Miró hacia arriba, percatándose de que no había visto al guardia desde hacía bastante tiempo. Vagamente, pudo escuchar la voz de la computadora, urgiendo la evacuación. Parecía buena idea, pero ¿cómo?

Recordó algo –

¡Intenta romper el cristal! ¡Deprisa!

No había cristal que romper.

¡Cortaron la corriente! ¿Cómo pudieron cortar la corriente? ¡Son animales!

Sus ojos sondearon la celda, hallando los cables protegidos en un compartimento metálico, que estaban sellados dentro del muro.

¡Corta la corriente!

Golpeó la tapa metálica con el puño tan fuerte como pudo, abollándola del mismo modo en que los Aliens abollaban su puerta, intentando llegar a ella. Golpeó otra vez, y otra, y otra. La cubierta se hundió, se abolló y comenzó a torcerse.

Golpeó más y más fuerte, echando múltiples vistazos a la puerta.

Finalmente, pudo meter las puntas de los dedos en una pequeña hendidura en el metal. Tiró de ella, retorciendo, jalando, hasta que el metal cedió y descubrió los circuitos eléctricos en su interior.

Ya casi estaban dentro-

Metiendo la mano por entre los agudos bordes metálicos, se cortó profundamente. Sosteniendo su mano herida, la apretó, forzando la salida de la sangre, vertiéndola sobre los cables y circuitos. Casi instantáneamente, se comenzaron a derretir. Hubo un repentino chisporroteo, y retrocedió. La celda se sumió en la oscuridad al apagarse las luces, pero Ripley podía ver muy bien.

Luego, hubo un siseo y una puerta de salida de emergencia se abrió en uno de los muros. Con un vistazo final a la dañada puerta, Ripley salió de la celda.

Christie iba al frente, y Elgyn cubría la retaguardia. Como en los viejos tiempos, pensó el capitán del Betty, pero los recuerdos no eran muy agradables. Formaban una fila, con el soldado y el doctor avanzando en el medio, y llevaban muy buen tiempo, desplazándose por los vacíos corredores del Auriga. La desolación del inmenso complejo estremeció a Elgyn. ¿Dónde coño estaban todos los soldados, los oficiales, los investigadores? Este lugar era una maldita colmena, entonces, ¿dónde estaban las abejas?

La voz de computadora que urgía la evacuación, era una constante distracción, y si supiera dónde estaban, Elgyn dispararía contra todos los malditos altoparlantes. Y eso lo hizo pensar, nuevamente, en que habían cometido un error al no llevarse las armas de los soldados muertos. Uno nunca estaba demasiado bien armado, y nunca tenía suficientes balas ¿cierto?

Los tripulantes del frente iban trotando, pasaron otro corredor adjunto semi oscurecido. Al llegar ahí, Frank divisó algo que llamó su atención. Miró de nuevo.

Un arma militar, un bebé de alto calibre, abandonado ahí, en el suelo. ¿Qué demonios…?

¿Qué podría hacer que un soldado dejara su arma de ese modo? A Elgyn realmente no le importaba, esta era su oportunidad de corregir su error en el comedor.

Lo encontrado, es propio.

Mirando cuidadosamente alrededor, levantó el arma, solo para descubrir que había otra a unos nueve metros más allá, en el corredor. Eso era muy extraño. Llevándose al hombro la primer arma, se aproximó cuidadosamente, y la levantó del suelo.

Esta estaba casi adherida al suelo por una sustancia horrible y pegajosa. Al levantar el rifle, los filamentos gelatinosos se alargaron, como la baba de un caracol. Espesos.

Pero no deberían afectar su funcionamiento. ¿Qué rayos pasó con las luces aquí abajo?

Tras él, pudo oír la voz de Hillard.

"¿Elgyn?"

"¡Ya voy!" gritó en respuesta, y comenzó a volverse.

Después espió una tercer arma, a un par de metros más allá de él, justo en el borde de un agujero en el suelo que al parecer, se había derretido. ¿Podía haber sido una granada? Pisando cuidadosamente cerca del agujero, se inclinó para tomar el arma.

Algo, algún sexto sentido lo hizo paralizarse. De pronto, recordó un día de su infancia con su abuelo, cuando montaban trampas con cajas para atrapar ardillas, dejando un rastro de cacahuetes que conducían directamente a la caja.

"¡Elgyn!" volvió a gritar Hillard.

"Déjala. Ya tienes dos. Déjala ahí y lárgate de-"

dedossuelo.jpgDos enormes y oscuras manos se deslizaron entre el enrejado del suelo con inhumana velocidad, aferrándolo por los tobillos, y dando un súbito y fuerte tirón. El revestimiento del suelo se colapsó a su alrededor, cuando Elgyn era jalado hacia abajo. Abriendo los brazos para detener la caída, sus palmas se aferraron al suelo enrejado, bloqueando su descenso. Se aferró a las rejas e intentó sostenerse lo suficiente para liberarse, pero aquellas manos todavía atenazaban sus piernas. Sus pulcros rifles cayeron estrepitosamente, demasiado lejos como para alcanzarlos. Uno de ellos cayó justo en el agujero derretido que tenía a un metro de distancia.

Elgyn comenzó a patear ferozmente, intentando zafarse de las manos que lo atenazaban, que lo jalaban hacia el fondo. Las podía sentir a en las pantorrillas, en sus rodillas, en sus caderas, y fuera lo que fuese aquello que lo había atrapado, comenzó a trepar por su cuerpo. Gritó, pateo, intentó empujarse, intentando liberarse, luchando por su vida.

La parte baja completa de su cuerpo estaba atenazada, unos grandes y poderosos brazos le rodearon la cintura, sosteniéndolo firmemente.

¿Qué es esto? ¿Qué demonios es esto?

Algo increíblemente poderoso y agudo, como una enorme lanza, perforó el pecho de Elgyn con pasmosa rapidez. El capitán pirata sintió cada centímetro de su paso al romper sus costillas, pulmones, corazón, hasta atravesar por su espalda, dejando un enorme agujero. Sin poder respirar, con el corazón perforado, Elgyn sintió que comenzaba a desvanecerse, y continuaba débilmente intentando liberarse de su asesino.

¿Qué es esto¿ Qué coño es lo que me está matando? ¿Y por qué?

La última visión consciente de Elgyn, fue que algo enorme, negro y horrible salía del agujero en su pecho, aferrando entre sus acerados dientes, su corazón sangrante.

9

Christie iba a medio camino por el corredor cuando finalmente se dio cuenta que los otros no lo seguían. Desanduvo el camino para reunirse con ellos en la boca del último corredor que habían pasado. "¿Qué demonios está ocurriendo? ¡Debemos apresurarnos!"

Nadie contestó. Todos seguían mirando hacia el oscuro corredor.

Hillard estaba gritando, "¡Elgyn! ¡Elgyn!"

Christie avanzó a empujones, justo a tiempo para ver la ensombrecida figura de su capitán emergiendo a medias del suelo. "¡La puta madre!"

Avanzó por el corredor, consciente que los otros iban a su lado.

La única parte de Elgyn que era visible era de hombros hacia arriba. Sus facciones estaban tensas en una máscara de dolor y horror.

"¡Sacádlo!" Gritaba Hillard. "¡Maldición, sacádlo de ahí!"

Johner y Distephano obedecieron rápidamente, tomando a Elgyn por los brazos, y jalándolo hacia arriba. Christie miraba, transfigurado por un enorme agujero que se abría en mitad del pecho de Elgyn. Estaba muerto. ¿Elgyn estaba muerto? Christie podía ver perfectamente hasta el otro lado por entre el agujero en el pecho de Elgyn. Elgyn estaba muerto.

Todos miraban, horrorizados. Incluso Wren había palidecido, su piel repentinamente se perló de sudor. Hillard no se movió, sino que simplemente lamentó la muerte de su amante, estrechándolo entre sus brazos.

Un fuerte y crujiente ruido les hizo volverse para mirar de vuelta sobre el corredor. El suelo entre ellos y el corredor principal estalló en una lluvia de fragmentos y escombros, y súbitamente, la boca del corredor quedó bloqueada por una visión del infierno. Una especie de creciente y enorme monstruo. Christie vagamente recordó a Call hablar del proyecto científico de Wren, acerca de producir criaturas, acerca de…

"¡Si esas cosas se liberan, eso hará que la plaga de gusanos de Lacerta parezca un jodido carnaval!"

Oh, sí, pensó Christie, ¡Tenías razón en eso, nena!

La criatura abrió sus mandíbulas, revelando una increíble hilera de brillantes y acerados dientes, luego sacó su lengua y siseó-

El grupo entero entró en pánico, dejando caer el cuerpo de su capitán muerto, sin mucha parsimonia, de vuelta en el agujero del suelo y pusieron pies en polvorosa en el sentido opuesto a esa – esa – cosa.

Doblaron en una esquina y se encontraron encarando un pasillo cerrado.

¡Eso lo planeó! Pensó Christie estupefacto. Esa cosa encontró la forma de atrapar a Elgyn, y luego lo usó para atraparnos. Ahora nos tiene a todos. ¡Mierda! Aspiró profundamente. Tenía que pensar, tenía que pensar – si no fueran ni la mitad de listos que esa cosa, seguramente ya estarían muertos. Christie se apretujó contra el muro y miró a hurtadillas por el borde del corredor. Necesitaba saber dónde demonios estaba eso ahora.

Aferrando a Johner por la solapa de su camisa, Christie lo colocó en posición, a su lado. Johner se había puesto gris, especialmente alrededor de su sobresaliente cicatríz. Pero por lo menos estaba sobrio. De eso Christie estaba seguro. Johner estaba temblando. Nunca antes había visto a Johner temblar de miedo. Nunca creyó si quiera que pudiera hacerlo.

"¿Estás bien?" Le siseó Christie.

Johner parpadeó, y respiró profundamente. "Sí. Sí. Estoy contigo."

Es lo que necesitaba escuchar, pensó el enorme hombre.

Moviendo rápidamente su cabeza en el borde del corredor, Christie divisó al Alien. En el extremo opuesto, la criatura se abalanzó del agujero en que estaba hasta posarse sobre el suelo, y comenzó a avanzar hacia el cadáver de Elgyn, que estaba medio cuerpo fuera del agujero derretido. Christie apretó los ojos para evitar que les entrara el sudor que perlaba su frente.

"¿Viene hacia acá?" Johner le siseó. "¿Viene?"

"No sé. Quizá va tras el cadáver."

En un rincón junto al resto, Hillard dejó escapar un suave gemido.

Johner estaba ya más controlado, Christie lo podía sentir. Se aproximó a Christie, echando un vistazo.

"¿Viene hacia acá?" preguntó Christie.

"¡Sip!" Dijo él dándolo por hecho.

Hillard exhaló angustiada. "¡Oh Genial!"

"¡Lo mismo digo yo!" dijo Johner, alzando su arma. "Acabemos con esto."

Christie miró al hombre de la cicatriz, y los dos se sonrieron uno al otro. Entonces Christie se percató que estaban a un pelo de la histeria.

Christie se inclinó sobre el borde del corredor para echar otro vistazo. En verdad venía a por ellos. Tenía quizá unos dos y medio o tres metros de alto, y sin embargo, era grácil como una araña, pasó por sobre el cuerpo de Elgyn y continuó avanzando.

Hasta que el cuerpo de Elgyn se movió.

Christie observó incrédulo, pero podía ver claramente el cuerpo de Elgyn por entre las piernas del monstruo. Le dijo a Johner que echara un vistazo. Cuidadosamente, Hillard se les unió.

¡Elgyn está muerto! ¿Cómo diablos?

El imposible movimiento debió confundir también a la criatura, porque se volvió, se inclinó sobre el cadáver. Casi parecía que lo estaba olfateando. El cadáver se movió nuevamente, alzándose ligeramente. Christie sabía muy bien la gran cantidad de movimientos y rarezas que podía hacer el cuerpo de alguien recién muerto, pero ciertamente esta no figuraba en la lista.

Ahora el monstruo estaba olfateando el enorme agujero en el pecho de Elgyn. El cadáver se movió ligeramente mientras lo hacía, entonces, de pronto, el cañón de un rifle asomó por el agujero. Christie parpadeó y volteó a mirar a Johner, que estaba tan atónito como él mismo.

El Alien no supo qué era aquello. Olfateó el cañón, luego retrajo sus delgados labios en un gruñido. El cañón se encontró directamente con su enorme cabeza.

Entonces se disparó.

La explosión voló su cabeza hasta el infierno y de vuelta, y los tripulantes del Betty se apartaron hacia la esquina para evitar ser salpicados. Christie fue el primero en atisbar. El monstruo había caído al suelo y todo lo que su sangre había tocado comenzaba a derretirse. Christie salió del resquicio del corredor, su arma lista. Johner estaba justo a su lado. Luego los otros se asomaron para ver.

El cañón del rifle que sobresalía del pecho de Elgyn volvió a desaparecer por el agujero, luego el cuerpo entero fue izado y rodó hacia un costado.

Dos delgadas manos aparecieron en el borde del agujero y depositaron el rifle ahí, luego el pistolero se elevó desde el piso inferior. Christie se quedó atónito de ver que el tirador era la mujer que les había dado una tremenda paliza poco antes ese mismo día –la mujer que llamaban "Ripley." Se elevó ágilmente en un solo y efectivo movimiento, se pasó la mano por el cabello de forma casual, y se llevó al hombro la correa del arma, como si siempre hubiera llevado una.

Christie miró a Johner. No parecía que tuviera muchas ganas de fastidiarla en estos momentos.

Nadie se movió por un largo momento; hasta que la mujer súbitamente se arrodilló sobre el cuerpo de Elgyn y comenzó a registrarlo.

Súbitamente, Hillard se adelantó por el corredor, inconsciente a cualquier peligro. Estaba furiosa, como si esta mujer fuera la causa de todos sus problemas. "¡Déjalo en paz!" gritó.

Christie reflexionó acerca de cuántas criaturas más como esta podrían andar sueltas por ahí, cuántas más podrían ser atraídas por sus voces.

Ripley apenas echó una mirada a Hillard. Impasible como siempre, encontró un puñado de municiones en los bolsillos de Elgyn y se lo apropió, metiéndolas en su propio bolsillo. Luego se enderezó y cargó su rifle, verificándolo profesionalmente. El resto bien podían ser invisibles para ella.

Call repentinamente habló. Christie apenas la oyó murmurar, "Bien… con calma. ¿Qué coño…?"

Ripley entonces los miró a todos, por un largo y desagradable momento. Luego, sin decir palabra, se aproximó al cadáver del monstruo. Inclinándose sobre su cabeza, alcanzó su boca. Su mandíbula estaba abierta, derramando un transparente y claro líquido, y la bestia todavía temblaba con ligeras convulsiones post mortem.

Christie escuchó un suave sonido a su lado y descubrió que, para su asombro, era Johner. Los ojos del hombre de la cicatriz expresaban una inmensa repulsión. Es cierto. ¡Caramba, Johner detesta los bichos, y esa cosa parece ser la madre de todos los bichos!

Sin premeditación, Ripley aferró la lengua del Alien. Soltando un feroz rugido de batalla, la jaló con fuerza inhumana y arrancó la rígida y dentada lengua de la cabeza del monstruo.

Mientras el resto solamente miraban ahí apostados, Ripley caminó hacia Call y pasó la odiosa, y goteante cosa a las manos de la pequeña mujer.

"Toma," dijo Ripley casi de modo casual. "Harás un hermoso collar con esto." Luego se alejó unos pocos metros.

Call miró aterrada su "regalo" y lo dejó caer al suelo. Todos los demás temblaron.

Christie se percato que Wren, estaba intentando esconderse poniendo el grupo entero entre él y Ripley, pero ella parecía no prestarle atención.

Con voz temblorosa, Johner le preguntó a Christie, "¿Qué hacemos ahora?"

El hombre negro sugirió. "Lo que estábamos haciendo hace un momento. Larguémonos de aquí"

"¿Qué tal si hay más?" preguntó Johner, sus ojos estaban muy abiertos y vidriosos. "Dejemos… dejemos que los soldados se encarguen de ellos. Alguien vendrá… es decir… ¿dónde rayos están los soldados?"

A Christie no le gustaba nada ver a Johner tan nervioso. Lo necesitaría para salir de ahí, si es que podían hacerlo.

"Están muertos," dijo Call. Sonaba muy segura de sí misma. Después de todo, no habían visto más soldados desde que habían salido del comedor.

Johner se volvió súbitamente hacia Wren, y su expresión se tornó iracunda. Se aproximó al científico con su arma en alto. Distephano, el soldado, se interpuso en su camino, a pesar de que estaba desarmado. Johner lo ignoró, sus ojos, su rabia, su miedo, estaban todos dirigidos a Wren. Call había dicho que él era el responsable de crear a los Aliens, y Johner debió haberlo recordado.

"No necesitamos más a este imbécil," gruñó Johner. "Acabémoslo"

"¡Retroceda!" ordenó firmemente Distephano.

Johner elevó su arma y apuntó al rostro de Distephano. El soldado no se movió, pero Wren se estremeció.

"¡Basta!" ordenó Call, interponiéndose.

Johner cargó contra ella, furioso, el gatillo a un pelo de dispararse. "¡Tu no tienes autoridad aquí!"

La pequeña y frágil mujer no retrocedió. Encarando directamente a Johner, argumentó, "¡No vamos a matar a nadie, excepto en defensa propia!"

A regañadientes, Christie se percató que debía involucrarse. Se dirigió a Wren. "Doctor, esa cosa que mató a mi compañero… ¿es su proyecto de ciencias?"

En voz baja, Wren admitió, "Sí"

"¿Y hay más?" interrogó Christie. Wren asintió. "¿Cuántos?"

El doctor miró nerviosamente alrededor, y Christie se percató que estaba tan preocupado por Ripley, que se hallaba a varios metros de distancia de él, acuclillada. Con voz apenas audible, murmuró, "Veinte"

Johner casi enloqueció. "¡Veinte! ¡Nuestros rosados traseros están jodidos si hay veinte de esas cosas sueltas por ahí!"

Todos comenzaron a hablar al unísono, casi en pánico, hasta que la voz calmada de Ripley cortó la discusión. "Habrá más. Muchos más."

Todos la miraron.

"Se reproducirán," les dijo. "En unas cuantas horas serán el doble de eso. Quizá más."

Se levantó ágilmente y se acercó a ellos. Sin mostrar más emoción de la que había mostrado por cualquier otra cosa, dijo, "Y bien, ¿a quien tengo que follarme para abandonar este barco?"

Nadie respondió. Los ponía nerviosos, tensos. A pesar que los había salvado de la bestia, ninguno de ellos se sentía cómodo en su presencia.

De pronto, Call se adelantó, señalando a Ripley. "Esperad un momento, ¡Ella fue el huésped de estos monstruos! Wren la clonó porque llevaba uno dentro."

"Eso lo explica todo" murmuró Christie a Johner.

"Es demasiado riesgo," insistió Call. "Dejémosla."

Johner asintió. "Esta vez estoy de acuerdo con Call."

No es buena idea, decidió Christie. La necesitamos. No sabía por qué, solo lo sabía, y estaba acostumbrado a seguir sus corazonadas, especialmente cuando las cosas se ponían difíciles. Sin Elgyn, no tenían un líder. Alguien debía tomar la posición de mando. Todos lo estaban mirando. ¡Cielos, él no quería este trabajo!

Dirigiéndose a todo el grupo, Christie ordenó, "Ella viene."

Call se le enfrentó, pasmada. "¡No es humana! ¡Es parte del experimento de Wren! ¡Nos traicionará sin pensarlo!"

Christie miró a Ripley en todo momento. Todavía con aquella actitud impasible. Y sus ojos- esos ojos predadores… estaban perdiendo un tiempo valioso con toda esa discusión. ¿Veinte de esas cosas?

Se volvió hacia el grupo entero. "Me importa un carajo si vosotros os lleváis bien o no. Si vamos a sobrevivir a este follón, debemos mantenernos juntos. Todos abandonaremos la nave. Después de eso, cada uno sigue por su cuenta." Impulsivamente, se inclinó y tomó el rifle de Elgyn, pasándoselo a Distephano. Johner lo miró incrédulo, pero Christie lo ignoró. El soldado asintió, agradecido y verificó la carga.

Call estaba mirando a Ripley. "No confío en ella," le advirtió a Christie por última vez.

Christie miró a Ripley, luego a Distephano, luego a Call. "Yo no confío en nadie."

Hillard, que había permanecido en silencio durante todo este tiempo, con su atención centrada en su amante muerto, cubrió el rostro de Elgyn con su chaqueta.

Johner comprendió súbitamente que estaban abandonando a su viejo camarada en terreno desconocido, sin un funeral, y su rostro se transformó en una expresión que bien podía ser de pena. "Vaya con Dios, hombre."

Hillard tomó la mano de Elgyn una vez más, y luego se levantó. Call tomó su hombro ligeramente, intentando reconfortarla, pero Hillard se apartó, con disgusto en el rostro.

Christie se percató que Ripley, estaba dispuesta a ir a la retaguardia, que fue la última posición de Elgyn. Los miraba a todos con una ausencia fascinante. Christie se percató que Call se volvía a mirarla, y Ripley le ofrecía una fría sonrisa. La expresión de la mujer lo hizo sentir escalofríos.

"Bien, todos, andando," ordenó Christie, tomando de nuevo la punta. Dejando atrás a su capitán y amigo, continuaron su marcha hacia el Betty.

Este es el área de las celdas, pensó Christie, mientras caminaban por ahí. Muchas puertas. Muchos lugares para que esas malditas cosas se puedan esconder. Desde que abandonaron el corredor donde Elgyn murió, no habían visto un solo Alien. Cada lugar que habían revisado estaba vacío, desierto, pero permanecía la escalofriante sensación de que algo los iba siguiendo. Quizá se tratase solo de Ripley, en la retaguardia. Christie no lo sabía, pero todos estaban alertas a luces o sonidos, esperando cualquier cosa.

Por lo menos estaban actuando más como una unidad que como un puñado de alevosos. Tras él, sabía que Johner, Hillard, Distephano, e incluso Call –a pesar de que iba desarmada- estaban verificando cada puerta, cada espacio tras cada pieza de mobiliario.

Al pasar Christie frente a un ascensor cerrado, comenzó a creer que tal vez, solo tal vez, podrían lograrlo. Luego, cinco metros después de pasar el ascensor, se escuchó un timbrazo.

¡El ascensor! Pensó Christie, deteniéndose en seco, como todos los demás.

Lentamente, verificó su arma, escuchando los chasquidos y zumbidos mientras todos los demás se ponían en guardia.

Al abrirse lentamente las puertas del ascensor, Christie se volvió a encarar al grupo. Los otros ya estaban en posición, con sus armas apuntando a las puertas que se abrían. Nadie se movía. Nadie respiraba.

El interior del ascensor estaba obscuro, demasiado obscuro para ver. Repentinamente, saltaron chispas del techo de la cabina, haciendo que todos respingaran, y la luz comenzó a parpadear. En la escasa iluminación, Christie distinguió algo enrollado, apretujado en el fondo. Al unísono, todos ellos levantaron sus armas.

Hubo un destello de luz, los bulbos de neón se activaron súbitamente, arrojando una luz brillante en todas direcciones.

Sentado en el elevador estaba Vriess, con una escopeta en sus manos, quieto, alerta. Sus ojos estaban aterrados, y estaba temblando frenéticamente, con el sudor chorreándole por todas partes.

Vriess y la tripulación se quedaron ahí congelados en su posición, apuntándose mutuamente durante un largo segundo, cada uno sin reconocer al otro como ser humano. Luego, al mismo tiempo, la certeza los invadió, y todos exhalaron aliviados y bajaron sus armas.

Johner carraspeó "¡Cielos, hombre!"

"¡Vries!" llamó Call alegremente, y corrió hacia él.

"¿A quién esperábais, a Papá Noel?" dijo Vriess sonriendo y añadió con voz temblorosa "¿Cómo vais chicos? Que tal Call."

Christie se enjugó el sudor de la frente. "Pensamos que seguramente ya estarías frito."

La voz de Vriess les dijo más de su experiencia, de lo que hubieran querido saber. "¿Habéis… habéis visto esa jodida cosa?"

"Lo hemos visto" respondió Christie secamente.

"Mierda," dijo Vriess. "Pensé que quizá los había matado a todos."

Christie meneó la cabeza, percatándose de las quemaduras en la pierna y oreja de Vriess. Sí, su amigo ciertamente había tenido un verdadero encuentro cercano."

Johner se volvió a Wren y preguntó, "¿Podemos rastrear a esas cosas?"

Wren negó, "No."

¿Me estás diciendo la verdad o no, Doc? Se preguntó Christie.

Johner miró a Christie, realmente preocupado. "¡Podríamos llegar al Betty y descubrir que todos están ahí! ¡Tal vez incluso adentro!"

Wren decidió cooperar. "Toda la actividad, al parecer, se centró en el sector de popa, cerca de los cuarteles. No hay razón para pensar que se moverán de ahí."

Christie miró dubitativamente al doctor.

Entonces, Ripley habló. "No se moverán."

Había tanta certeza en su voz que Christie le creyó. La tripulación la estaba mirando, todavía nerviosos por lo que era y por quien era ella.

"Están reproduciéndose," les dijo Ripley con aquel tono gélido suyo. "Tienen los cuerpos de nuevos huéspedes para usar. Si envían a alguien a explorar, será… aquí. Donde… está la carne."

Si envían a alguien, pensó asombrado Christie. Como si fueran personas que pueden pensar, planear –pero quizá, sí puedan hacerlo.

"La ‘carne’" dijo Call con disgusto. "Jesús."

Christie quería saber más. No le preocupaban los términos. "Se están reproduciendo. ¿Cuánto tiempo les toma eso?" No se molestó en preguntarle a Wren. Podía reconocer una fuente confiable cuando la veía.

"Horas," dijo Ripley.

"O menos," añadió Wren. Todos lo miraron. "El proceso se ha acelerado. Tiene que ver con…" miró a Ripley acusatoriamente. "…con las células clonadas."

La expresión de ella se retrajo aún más.

De acuerdo. Ahora lo sabemos. "Mientras más rápido salgamos de aquí, mejor." Decidió Christie.

Johner le habló directamente. "Bien pues, si queremos hacer un tiempo decente, sugiero que dejemos al tullido." Apuntó con el pulgar en dirección a Vriess, luego miró al hombre y sonrió desvergonzadamente. "Sin ofender."

Vriess le devolvió la misma amarga sonrisa y le mostró el dedo medio. "No me ofendo."

Antes que Christie pudiera decir a Johner que se fuera al carajo, Hillard se adelantó. Había estado arisca, lamentándose por Elgyn, y parecía culpar tanto a Call como a Ripley. A Christie le preocupaba que, en algún momento, su depresión llegara a ser una tremenda carga. Mantenía la cabeza en alto ahora, y algo de su temple pareció aflorar.

"No dejaremos a nadie," ordenó firmemente, "ni siquiera a ti, Johner." Su voz era firme, si bien baja y triste. Nadie se atrevió a contrariarla.

Christie se volvió hacia Distephano. "¿Cuál es la mejor ruta?"

Él pensó por un momento. "Los ascensores. Llevan directamente de la cima del complejo, hasta el área de ingeniería, que está abajo. Sin paradas. Pero si vamos por el pozo de la cabina, encontraremos un túnel de acceso a mantenimiento que corre sobre la plataforma del nivel uno. Nos llevará directamente a la cubierta."

Christie asintió. "Suena razonable. ¿Cómo llegamos ahí?"

Distephano señaló. "Por este corredor, después triangularemos y cortaremos camino por los laboratorios, servirá de atajo para llegar a los ascensores."

"Bien." Dijo Christie. "Hagámoslo"

Vriess se movió súbitamente, comenzando a quitar y sacar partes de su silla. Sus armas. Las ensambló rápidamente, eficientemente. Clic, clic, clic. Un verdadero arsenal quedó a la vista. Christie tuvo que sonreír.

Vriess notó la mirada sorprendida de su compañero. "Nunca revisaron la silla."

Distephano miró, atónito.

"Call," dijo Vriess secamente. Ella levantó la vista y él le ofreció una pequeña pero mortífera arma que se ajustaba perfectamente a su talla.

"¿Cómo es que a ella le das arma?" se quejó Johner.

Christie lo ignoró. "Si ya estáis listos, vamos… andando. Iremos por parejas."

Al comenzar la marcha, la voz inflexible y átona de Ripley dijo simplemente, "Nos movemos."

"¿Qué?" preguntó Christie, confundido.

"La nave se mueve," confirmó Ripley. "Puedo sentirlo."

¿Puede sentirlo? Pensó Christie, asombrado.

Wren agitó la cabeza. "La nave tiene motores muy estables. Incluso si nos moviésemos, no hay manera en que pueda sentirlo."

Ella lo miró, y él se movió para poner a alguien más entre los dos.

Antes que Christie pudiese ordenar sus pensamientos, Call miró pensativamente y ratificó, "Tiene razón."

"La nave ha estado moviéndose desde el ataque," insistió Ripley, haciendo que Wren bajara la vista.

Todos los ojos se volvieron hacia él. Comenzó a sudar, y finalmente admitió, "Es… eh…un procedimiento de rutina. Creo."

Distephano asintió, y se veía preocupado. "Es verdad. Si la nave sufre algún daño severo, se desvía automáticamente de vuelta a la base."

Call apretó la mandíbula y se volvió hacia Wren. "¿Habían planeado informarnos eso?"

Él se apartó, aún más nervioso, luego se justificó.

"Lo olvidé."

Sí, ¿quién coño va a creer eso? Se preguntó Christie enfadado.

"¿Qué hay en la base?" quiso saber Hillard.

Suavemente, Wren respondió. "La Tierra."

Call ahora estaba furiosa, casi fuera de control. "¡Oh por Dios! Usted… ¡maldito bastardo!"

Johner se veía realmente disgustado. "¿La Tierra? No quiero ir a esa pocilga"

Call lo estaba perdiendo, gritaba a Wren. "Si esas cosas llegan a la Tierra, será… significará -"

"El final," terminó Ripley en su lugar, sonando totalmente despreocupada.

Call agitó la cabeza, como si no pudiera aceptarlo.

"¡Debemos volar la nave!"

"No vamos a volar ninguna nave," le dijo Christie, "Vamos a largarnos de aquí." Se volvió hacia Distephano. "¿Cuánto falta para que lleguemos a la Tierra?"

El soldado estaba frente a una consola, solicitando información y viendo la pantalla. "Tres horas. Casi."

Call se volvía ahora hacia Christie, percatándose que debía convencerlo. "¿Es que no lo entiendes? Esta cosa aterrizará en medio de una base densamente poblada. Nadie tendrá ni la más remota idea de lo que se avecina. ¡Estaremos desenrollando la alfombra roja para el final de nuestra especie!"

Hillard irrumpió el argumento. "Ese no es nuestro problema."

"Call," le dijo Christie firmemente, "No vas a volar esta nave. No mientras aún estemos en ella. Una vez que salgamos de toda esta mierda, podrás hacer lo que te plazca." Se volvió hacia el clon. "Te llamas Ripley ¿verdad? ¿Te importaría encabezar la marcha?"

Ella asintió, y se adelantó, y nuevamente todos reiniciaron la marcha.

Ahora, Christie iba atrás. Frente a él, podía oír que Johner todavía farfullaba. "La Tierra, hombre… ¡vaya mierda!"

En realidad, pensó Johner, ahora que había tomado unos momentos para pensar en ello, había peores cosas que acabar en la Tierra. Sí, ¡Como acabar como Elgyn! Tembló, intentando apartar de su mente la terrorífica cosa insectil, que venía a por ellos.

Mientras caminaban de estancia en estancia, con Ripley encabezando la marcha, Johner tuvo que admitir su creciente admiración por esa alta mujer. Debía tener hielo en las venas, por el modo en que había enfrentado a aquella cosa sin algo más que un cadáver aún tibio entre ambos. Cierto, era un clon, pero mierda, incluso los clones tenían sentimientos.

Llegaron a otra intersección, y Ripley se detuvo, permaneciendo quieta. Johner se acercó, con cada nervio alerta. Finalmente ella dijo, "Despejado."

Johner se acercó aún más y topó su mirada. "¿Has enfrentado antes estas cosas?" preguntó tímidamente.

Ella estaba concentrada en su tarea. "Sí" respondió secamente.

Al no obtener mayor respuesta, Johner la presionó. "¡Cielos, hombre!… y … pues… ¿qué hiciste?"

Su respuesta fue paralizante. "Morirme"

Se adelantó, y Johner se quedó algo rezagado, atónito. Mirando de costado a Distephano, murmuró, "Eso no era exactamente lo que quería escuchar."

El soldado únicamente agitó la cabeza, sonrió, y palmeó a Johner en el hombro. Caminaron un poco más, hasta que Distephano lo palmeó, indicándole una puerta.

"Por aquí," dijo el soldado al grupo. "Cortaremos por aquí." Se quedó en el quicio, permitiéndoles entrar.

Era uno de los laboratorios. Por primera vez, notó Johner, Ripley mostraba alguna reacción, mirando un gran tubo con la palabra "Incubadora" impresa en él. ¿Hogar dulce hogar ¿eh? Adivinó Johner.

Ella congeló su expresión nuevamente y continuó avanzando, siguiendo al soldado.

Después, doblaron en una esquina y Johner divisó algo más. Todos los demás lo hicieron, también, tensándose al hacerlo, en el mismo momento que el resto de ellos. En el fondo de la habitación, las sombras se agrandaron, la estructura de la habitación había cambiado. La escasa luz titilaba, desvelando figuras grotescas en la oscuridad. Los pisos, los muros, el techo –la habitación entera había sido alterada. Reconstruida. Habían estado aquí, habían hecho de este su hogar por un tiempo. Rediseñando este espacio humano a su antojo. Era completamente Alien, como ninguna otra cosa que Johner hubiese visto jamás. Los muros ya no eran lisos, sino texturizados casi como el interior de una cavidad, incluso con espaciadas costillas, o huesos, conectados por oscuras membranas. Y sobre los muros –

Johner se quedó paralizado, percatándose que los demás también lo hacían, apostados con sus armas listas. Ripley se quedó petrificada como una estatua, sin moverse, sin respirar.

Sobre los muros había cuerpos paralizados de gente, pegados ahí, como moscas en papel matamoscas. Adheridos firmemente con bandas de apariencia elástica de membranas que los mantenían firmemente sujetos. Johner observó, con interminable horror, a la figura que estaba más cerca de él.

Detrás de Johner, Distephano encontró el control de las luces, y lo activó, haciendo que el hombre de la cicatriz pegara un brinco. Una pequeña leyenda, de pronto iluminó al hombre muerto que colgaba más cerca de él. Era un investigador, todavía con su bata blanca, el nombre "Kinloch" bordado en su bolsillo. Su cara era una máscara de agonía, eternamente contorsionada en un último rictus, sus ojos estaban muy abiertos. Su bata blanca estaba empapada con su propia sangre. Parecía como si algo hubiera detonado en su interior, explotando hasta reventar su pecho. O quizá había mascado su curso hasta salir de él, pensó Johner, enfermo. Los pulmones de Kinloch y sus entrañas, eran perfectamente visibles.

Distephano movió la luz, registrando los otros cuerpos adheridos al muro. Todos estaban igual que Kinloch. Todos muertos. Todos con la misma horrible herida. Debían ser personas que trabajaban aquí, en este laboratorio. Divisó algunos nombres en batas de laboratorio –Williamson, Sprague, Fontaine… no sería tan horrible, se dijo Johner a sí mismo, si al menos no tuvieran nombres a la vista. Si fueran anónimos.

La mayor parte del grupo reaccionó con gemidos y jadeos, e incluso Johner, que pensaba que ya lo había visto todo muchas veces, tuvo que desviar la mirada. Sabía que si lograba sobrevivir a esta odisea, aquella sería la escena que jamás podría olvidar.

Ripley solo miró los cadáveres, claramente desinteresada, como si aquello hubiese sido algo que presenciase tantas veces, que se había vuelto demasiado común para registrarlo.

Johner divisó un crio-tubo con alguien que aún estaba en su interior. Ese es uno de los durmientes que robamos y entregamos. Se movió hacia él, vio que la cubierta estaba parcialmente abierta. La abrió completamente. Había una mujer en su interior. Su pecho había explotado también. Su cara estaba contraída por el dolor.

"¡Debo estar soñando!" murmuró, pero esta vez, no habría un despertar.

Para su sorpresa, Johner se encontró cara a cara con su propia culpabilidad. Tú la entregaste aquí para esto. Tú la secuestraste, como a los otros y no preguntaste nunca nada. Solo tomar el dinero y correr. Y estás por enfrentar tu propia destrucción. Mira su rostro. Y los rostros de todos los demás en ese muro. Ahí vas a estar tú. Y pensabas que eras feo antes. A Johner lo inundó súbitamente una incontrolable necesidad de vomitar. Respiró constantemente, volviendo la espalda al sarcófago, y remitió la urgencia.

Repentinamente, Christie se hallaba a su lado, ofreciéndole un silente consuelo. Johner lo agradeció; agradeció la presencia del hombre. "Sigamos la marcha," dijo Christie quedamente. Johner asintió, forzándose a continuar.

Avanzaron por el laboratorio, encontrándolo lleno de evidencias de la ocupación de los Aliens. Sus pies se posaban, a menudo, en manchas de sangre, o resbalaban con grumos de tejido humano desparramado.

Llegaron a otra área oscurecida y se movieron aún más lentamente. Una parpadeante luz de neón actuaba como un estroboscopio, esparciendo luz y sombras de forma intermitente sobre el paisaje de pesadilla del destruido y alterado laboratorio. A su lado, Vriess elevó su arma, enderezándose en la silla para dar golpecitos a la intermitente luz, pero aquello la hizo titilar aún más.

Había tanto equipo ahí, tanta sustancia, el lugar era una abundancia de escondrijos y resquicios, todo iluminado intermitentemente entre luz y sombra. Era para poner los pelos de punta.

Ripley estaba de nuevo en la punta, mientras examinaban los alrededores, lentamente y avanzando todo el tiempo. Johner registró algo, aguzó la vista. Una de esas cosas negras con sus tubos exteriores podría pasar como parte del escenario aquí. Johner miró fijamente entre los espacios de luz de la titilante bombilla. Tubos, equipo, escritorios, escondrijos, tubos, un rostro, más tubos. Johner parpadeó, ¿era aquello un rostro escondido entre el equipo? Ripley la notó primero, retrocediendo para echar un vistazo, y Johner y Christie la vieron después. La luz parpadeó nuevamente. Ahí estaba. Un rostro, un pálido y aterrado rostro, los ojos muy abiertos y en pánico.

Súbitamente, el cuerpo al que pertenecía el rostro emergió de su escondrijo. El hombre sostenía algo largo en sus manos, como un tubo. Gritando, se lanzó a la carga contra el objetivo más cercano –Ripley- y blandió. Ella no estaba preparada para eso, y por primera vez, fue tomada por sorpresa, y recibió el fuerte golpe, cayendo al suelo.

Instantáneamente, Christie llegó a su lado, bloqueando un segundo impacto.

Johner se giró, apuntando, y gritó, "¡ARROJALO! ¡ARROJALO, MALDICION!" estaba tan alterado, que eso era todo lo que podía hacer para evitar disparar al agresor. Bombeaba adrenalina profusamente.

Los otros ya estaban imitándole, igualmente alterados.

Christie, que aún protegía a la convaleciente Ripley, gritó, "!Tranquilizáos!, ¡Todos!"

El hombre se replegó en su escondrijo, todo encogido y pequeño. Milagrosamente, las luces de neón súbitamente se estabilizaron.

Instantáneamente, todos se quedaron muy quietos, el grupo entero mantenía sus armas apuntando al hombre escondido. Ripley sacudió la cabeza, como si un fuerte golpe como aquel se quitara con una simple sacudida. Se incorporó.

"¡Arroja la vara hombre!" gritó Christie a la titubeante figura. El extraño temblaba incontrolablemente. "¡Házlo!"

El hombre los miró a todos con ojos enormes, evidenciando el terror más puro. "¡Alejáos!" ordenó, pero su voz temblaba demasiado como para tomarlo en serio. El ataque obviamente había consumido cada pizca de coraje que el hombre había podido reunir. El tubo que sostenía chocó contra el suelo. Miró en derredor, balbuceó, de rostro en rostro, preguntando al fin débilmente "¿Qué está pasando?" Lenta y temerosamente, salió de su escondite.

Johner pudo ver el nombre de "Purvis" bordado en su sobretodo. Maldición. Otro de los durmientes que trajimos.

Christie avanzó, todavía tenso, todavía alerta. "Purvis, lo que pasa es que nos largamos de esta nave fantasma."

Purvis parpadeó, clara y totalmente confundido. Sudaba copiosamente, irradiando el olor del miedo en oleadas. "¿Qué nave?" preguntó. "¿Dónde estoy?" Estaba dormido de camino a Xarem, para trabajar en la refinería de níquel…"

Christie y Johner intercambiaron una mirada, y tuvieron que desviar la vista. Incluso Wren estaba deseando encontrarse en cualquier otro lugar.

Purvis continuó. "¡Desperté… no entiendo… entonces… entonces… vi algo… horrible… que me sofocaba…!" Parecía que estaba a punto de romper en sollozos.

Call se adelantó, se hizo cargo, y por vez primera, Johner se sintió agradecido. "Mire," le dijo a Purvis, "usted viene con nosotros, es muy peligroso que permanezca aquí."

Johner y Christie intercambiaron una mirada, luego ambos asintieron. Johner suponía que le debían al menos eso por haberlo secuestrado, aunque ninguno de ellos había imaginado que terminaría como alimento para Alien.

Repentinamente, Ripley se posó a un lado de Purvis. Él respingó y se apartó, pero todo lo que ella hizo fue… ¿olfatearlo? Johner podía oler al tipo desde un metro y medio de distancia, y ciertamente no estaba usando perfume.

"Dejádlo," dijo Ripley, tan fríamente como de costumbre.

Call le rebatió. "¡Jódete! No vamos a dejar a nadie."

La expresión de Ripley no cambió. "Tiene uno dentro. Puedo olerlo"

Purvis comenzó a temblar. Parecía que el hombre estaba al borde de un colapso total. ¿Dentro de mí? ¿Qué tengo dentro?"

Johner se estremeció, sintiendo como si un millón de hormigas marchando sobre él. Todos tenían dientes acerados. Se volvió hacia Christie. "Mierda, no quiero que una de esas cosas nazca cerca de mi trasero."

Vriess se adelantó en su silla a un costado de ellos. "Es un gran riesgo."

Call estaba lista para refutar todo argumento. "No podemos solamente dejarlo."

Diablos, ¿es que nunca se cansa? Se preguntaba Johner fatigado.

Vriess intentó razonar con ella. Buena idea, pensó Johner, pues al parecer él era el único que podía hacerlo.

"Creía que habías venido aquí a evitar que se escaparan."

Ella pareció abatirse con sus palabras. Se volvió hacia Wren. "¿Es que no existe un proceso? ¿No se puede detener?"

Christie sacudió la cabeza. "¡No hay tiempo para eso.!"

Wren no miró a Purvis. "No podría hacerlo aquí. El laboratorio está destruído."

Christie le habló suavemente a Call. "Yo podría liquidarlo. Sin dolor. Por la nuca. Quizá sería lo mejor."

El viejo blanducho, pensó Johner, mirando al enorme hombre.

Call sacudió la cabeza disgustada. "Debe haber otra manera. ¿Si lo congelamos…?"

Purvis miraba de uno a otro, su pánico iba en aumento. Bajó la vista hacia su propio pecho. "¿Qué coño tengo dentro?"

Todos los ojos se posaron sobre él, y Johner se percató que todos estaban avergonzados, incluso Distephano. Todos eran culpables por ello, todos ellos.

Wren finalmente dijo en voz baja. "Un parásito. Un elemento extraño que…"

Ripley se adelanto, claramente impaciente de toda esa mierda. "Hay un monstruo metido en su pecho," declaró. Justo en su cara, a centímetros de ella. "Estos tipos" –señaló con el pulgar a los tripulantes del Betty – "secuestraron su nave y vendieron su tubo criogénico a este…humano." Señaló a Wren con un movimiento de cabeza. "Y él metió un Alien dentro de su pecho. Y en unas cuantas horas, saldrá reventando su caja torácica y usted morirá... ¿Alguna pregunta?"

Oh, ahí tenéis a una perra fría como el hielo, pensó Johner admirado.

Purvis, con los ojos muy abiertos, solo pudo balbucear, ¿Quién…? ¿Quién es usted?"

Todavía mirándole directamente a los ojos, dijo sin parpadear, "Soy la madre del monstruo." Después se volvió a echar esa mirada electrizante suya a Wren hasta que lo hizo estremecer.

Ripley comenzó a avanzar hacia la salida, de vuelta a la punta. Ya había terminado con este asunto.

Entendiendo claramente la indirecta en la frialdad de las palabras de Ripley, Call se adelantó a Johner, tomando a Purvis por el brazo, anunció abruptamente, "él viene con nosotros. Podemos congelarlo en el Betty, y el doctor se lo podrá quitar después."

Todos miraron a Wren. Él asintió. "De acuerdo."

Johner parpadeó. No podía creer que iban a proceder con esto, así como así. Miró atónito a la pequeña mujer. "¿Desde cuándo tienes jodida autoridad aquí?"

Ella le devolvió una mirada desvergonzada. "Desde que noté que naciste sin pelotas."

Antes que Johner pudiera argumentar algo más, Vriess se interpuso entre ellos. "Tranquilos, gente."

Christie se movió hacia Purvis y lo dirigió para que siguieran a Ripley. "Venga con nosotros. Podría incluso sobrevivir. Pero si se me pone difícil, le advierto que no lo voy a tolerar."

Farfullando por todo aquel desastre, Johner siguió al grupo, que avanzaba por el laboratorio.

10

¿Unidad de almacenaje de clones? Ripley leyó la inscripción en el último de los laboratorios que debieron atravesar, pero las palabras realmente no significaban demasiado. Todavía iba a la cabeza.

Distephano llegó a una de las consolas; sus manos se movieron sobre los controles. "Hemos pasado las lunas de Júpiter," les informó.

Ripley sabía que podía sentir una sensación de urgencia, una apremiante sensación de tomar acción, pero lo único que la mantenía era su sentido de supervivencia. Como cualquier animal, pensó aceptándolo con amargura. Justo como ellos. Apartó su mente de los Aliens, temiendo que pudieran sentirla al hacerlo. ¿Cuánto tiempo más se encontrarían demasiado ocupados para ir a por ella?

Pasaron por una serie interminable de puertas, con leyendas que no significaban nada para Ripley. Pero en la siguiente puerta-

Había algo ahí dentro. Alguien ahí dentro.

A pesar del infinito vacío que Ripley sentía – que había sentido desde su nacimiento – súbitamente experimentó un ramalazo de miedo. Sus sentidos se pusieron en hiper alerta, volvió la mirada hacia la puerta. Sobre el cristal de la mirilla en la puerta, había una inscripción.

1 - 7

Lentamente, retrocedió y se aproximó a la puerta, mirando la inscripción.

Bajó la vista y jaló la manga de su camisa para descubrir su antebrazo, mirando el número 8

Sólo vete de aquí, se dijo a sí misma. Sólo muévete. Cerró los ojos, un escalofrío recorrió su cuerpo. Había algo terrible tras esa puerta, y tenía que ver con ella.

Distephano se había apartado de la consola y se desplazó hasta donde ella estaba. "Ese no es el camino" dijo cooperativamente.

Christie se detuvo a su lado, claramente preocupado por su extraño comportamiento. "Ripley, no tenemos tiempo para ver los alrededores."

No importaba. Ellos podrían seguir sin ella. Sabía que tenía que entrar ahí.

Entonces, Wren llegó hasta ellos. Incluso él parecía preocupado. "Ripley…no."

Tenía que hacerlo. Abrió la puerta, permaneciendo ahí de pie por un momento. Su mente intentaba reforzarse por lo que sabía que estaba a punto de ver.

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