QUINTA PARTE
Todo este tiempo, se había preocupado por su falta de sentimientos, su falta de humanidad. Y de pronto, se hallaba inundada con sentimientos, ahogada en ellos.
Dolor. Horror. Disgusto. Remordimiento. Una pena desoladora.
Los otros se quedaron en la puerta, confundidos, pero claramente dispuestos a no seguir sin ella.
Ripley se hallaba
en el interior de una habitación llena de incubadoras. No, no incubadoras, ya
no.
Unidades de preservación. Contenedores de almacenaje de alta tecnología. Para mis hermanas.
La primer unidad contenía un organismo de la talla de un feto humano completamente desarrollado. Estaba totalmente deformado, apenas reconocible, flotando en su líquido preservativo. Estaba etiquetado con el Número 1.
No, no "eso," se dijo Ripley, ella. Tocó el contenedor reverentemente, y siguió avanzando.
La siguiente unidad, etiquetada con
el Número 2 contenía también un ser del tamaño de un pequeño niño. Éste también
estaba severamente deformado, mitad Alien y mitad humano. Los ojos de Ellen
Ripley se distinguían en esa terrible y alargada cabeza. Había tubos dorsales
emergiendo de su espalda. Ripley se tocó los hombros, sintiéndo las cicatrices a
los lados de su espina.
La Número 3 tenía cola y no tenía rostro. Tenía alrededor de dos años de edad.
La Número 4 tendría aproximadamente cuatro años de edad;
tenía un exosqueleto, y la rígida y dentada lengua emergiendo de una cabeza,
mitad humana, que no podía sostenerla.
Algo caía de los ojos de Ripley; se tocó la mejilla. Humedad. ¿Lágrimas? ¿De un monstruo? Casi rió.
La Número 5 había casi alcanzado la edad adulta. Tenía tubos
dorsales, pero eran claramente residuales. La cabeza era completamente Alien, la
cabeza de una Reina, grotescamente engarzada en una retorcida versión de cuerpo
femenino.
Las lágrimas corrían ahora libremente.
Ocho de nosotras. Pero ¿cuántos cientos, cuántos miles de células fueron iniciadas y que nunca llegaron más allá de la etapa de división en ocho, o en dieciséis? Supongo que únicamente nos etiquetaban si habíamos alcanzado un cierto grado de desarrollo avanzado.
Pensó en todos los
investigadores trabajando con sus células, manipulándolas, semana
tras semana, mes tras
mes, año tras año.
Todos ellos ahora estaban muertos, abatidos por sus propias maquinaciones. Eso
no la hizo sentir mejor.
Llegó hasta la Número 6. Su rostro, nuevamente estaba coronado con aquella bizarra y alargada cabeza, pero era casi adulta, y se parecía tanto a ella. Sus manos eran las mismas que las suyas, con las mismas extrañas y largas uñas. Los ojos estaban abiertos. Sus ojos. Viendo-
¿Qué? ¿Mi futuro? ¿A otro monstruo más de la colección?
Siguió avanzando, en un mundo de pesadilla que era todo suyo.
El Número 7 no estaba escrito en una unidad de preservación, sino al costado de una larga, cuadrada y opaca unidad. Ripley distinguió cables eléctricos que entraban en ella. Vio pautas registrando – algo.
Su sensación de angustia era abrasadora cuando caminó rodeando la unidad.
¡No es en absoluto un contenedor! Es una UCI, completa con su hidro-cama, y todo el equipo necesario para…
Comenzó a temblar violentamente, con la boca abierta, con los ojos muy abiertos por el terror.
Sobre la cama había un organismo viviente. Si es que se le podía llamar vida a lo que el organismo experimentaba.
El
monstruo tenía la cara de Ripley en una abultada cabeza en la que crecían solo
unos mechones de ondulado cabello castaño. Las torcidas extremidades estaban
encadenadas, sosteniendo firmemente, incluso con las miríadas de tubos que
alimentaban al ser de nutrientes saliendo
de sus brazos, manteniendo viva la cosa. Unos inteligentes y brillantes ojos
humanos miraron a Ripley, observándola. Reconociéndola
¡Mi hermana!
Pensó Ripley estupefacta.La boca de la criatura se abrió y mostró unos dientes acerados en su interior. Unas hebras de mucosa clara resbalaron de su boca cuando el monstruo siseó al reconocerla.
Entonces suplicó. Una palabra.
"¡Mátame!" Rogó a la única criatura en todo el universo que sabía que le
podía conceder su deseo.
Los ojos humanos en el rostro de Ripley de la criatura se humedecieron, unas
enormes y pegajosas lágrimas corrieron por su rostro. El monstruo se revolvió en
sus cadenas, como para suplicar, implorar.
Ripley retrocedió temblando, asqueada. Profirió un suave gemido, y sollozó incontrolablemente. Entonces, Call llegó a su lado. Sostenía algo grande, algo vagamente familiar.
"Es un lanzallamas," dijo Call suavemente. "Distephano lo encontró en un compartimiento de armas que conocía."
Ripley miró el arma, parpadeando para alejar las lágrimas. Le era familiar, se percató. Se volvió, echando una última mirada a su hermana. El monstruo en la cama le devolvió la mirada, abriendo su obscena boca, dejando escapar hilos de pegajosa saliva sobre su barbilla, las ropas de cama. Sus ojos decían todo lo que su torturado cerebro no podía.
Ripley cargó el arma de forma automática, y disparó sobre la torturada figura. Hizo oídos sordos a los horribles gritos mitad Alien mitad humanos que profería, mientras disparaba el arma una vez, y otra, y otra, derritiendo la unidad, los tubos, las cadenas, demoliéndolo todo.
Comenzó a alejarse, el arma en sus
manos se sentía bien, se sentía perfecta. Disparó otra vez, dirigiendo su
ráfaga de fuego sobre
cada unidad de almacenaje en cada tiro. Las alarmas sonaron, y la nave intentó
defenderse de la agresión, pero parecía que no había agua disponible en el
sistema de rociadores, y la ráfaga destructiva de Ripley pasó inadvertida. Una
por una, las unidades explotaron en una mezcla ardiente de líquido y cristal
plastificado, mientras ella continuaba retrocediendo del lugar donde la habían
desarrollado.
Se
detuvo solamente cuando el laboratorio se convirtió en un ardiente y revuelto
desastre y cuando el arma estuvo vacía. Ripley arrojó el lanzallamas al interior
de la habitación, luego dio un portazo para cerrar la puerta y contener el fuego
dentro.
Las lágrimas habían desaparecido, en su lugar había algo mucho más mortífero.
Se volvió hacia Wren.
Mirando desesperadamente en derredor, retrocedió, buscando protección. Pero los otros, al haber visto una pizca del infierno de ella, se apartaron de él, haciéndole saber que no habría ayuda para él. Solamente Call intercedió cuando Ripley avanzó hacia el doctor.
"Ripley… no lo hagas," dijo Call suavemente.

Ella congeló su avance, entonces la envolvió un increíble hastío. Bajó la cabeza hacia el doctor. "¿Que no haga qué?" Murmuró desoladamente.
La tensión se disipó del callado grupo. Wren exhaló audiblemente, y tuvo de hecho el temple de sonreír ligeramente.
En ese instante, Call se puso en puntillas frente a él y le dio un fuerte puñetazo, justo bajo la mandíbula, con toda la fuerza acumulada en su pequeño cuerpo.

La cabeza de Wren se proyectó hacia atrás, y cayó de golpe a los pies de Ripley.
Ripley buscó y halló la mirada de la pequeña mujer y algo pasó entre ellas, alguna conexión. No podía decir exactamente lo que era.
"No hagas eso," dijo Call, refiriéndose al derechazo que ahora le hacía doler la mano. Call comenzó a andar por el corredor sin echar un segundo vistazo al dolorido científico.
Ripley lo miró en el suelo. Su mano estaba sobre su mandíbula, estaba sacudiendo la cabeza. Christie se inclinó sobre él, como si temiera que una vez derribado, Ripley pudiera terminar el trabajo.
"Lo tenía merecido, Doc," le dijo Christie en tono severo.
Aquello casi hizo reír a Ripley. Tomó de nuevo el arma que llevaba y se movió para seguir a Call.
Detrás de ella, pudo oír a Johner, quien se había quedado mirando
el laboratorio en llamas, preguntando a Christie, "¿Cuál es el problema? Es un
jodido desperdicio de municiones."
Christie solo se encogió de hombros, mientras ayudaba a Wren a ponerse en pie.
Delante de ellos, Call los apuró "Prosigamos antes que algo venga a verificar la causa del ruido."
Johner todavía hablaba con Christie. "No lo entiendo. Debe ser cosa de mujeres."
Al haber dejado atrás el complejo de laboratorios, se hallaron en la oscuridad mientras Distephano abría una escotilla en el suelo. Había una luz de emergencia allá abajo, se percató Christie, pero no era lo suficientemente brillante para ver toda la extensión del conducto.
"Bajaremos a partir de aquí," dijo Distephano innecesariamente.
Christie se volvió hacia el hombre de la silla de ruedas. "Vriess, debemos dejar la silla."
"Lo sé," dijo el hombre cansadamente, sacando tramos de cuerda de algunos escondrijos en la silla.
Al bajar Call, siguiendo a varios de los otros, Christie le dijo a Vriess, "maniobra Kawlang, ¿de acuerdo?"
Vriess soltó una corta y amarga risotada. "Justo como en los viejos tiempos…"
Christie sonrió a su vez. Habían pensado que era su fin entonces. Habían pensado que aquello había sido el peor horror que habrían de enfrentar…
Ahora, de pie en el corredor del Auriga, Christie pensaba que Kawlang parecía un día en el campo.
Al saltar del último peldaño de la escalera al fondo del conducto, Call se encontró en el interior de la torre de enfriamiento. Se encontraba mojada hasta las rodillas de agua y se preguntaba por qué. Distephano y Johner se habían adelantado y se hallaban espalda con espalda parados en agua, con las armas listas, verificando todo. Le indicaron silenciosamente a Call que se aproximara para que los otros bajaran de la escalera.
Call se aproximó hacia el fondo de aquella habitación, donde se hallaba de pie Ripley. La alta mujer miraba sus manos, que todavía temblaban mucho por el incidente en el laboratorio. Su rostro era la imagen del dolor. Sus ojos estaban rojos. Verla así enfadó a Call. Se había estado diciendo una y otra vez que Ripley no era humana, que en verdad no tenía sentimiento alguno. Y ahora estaba enfrentando la realidad. Ripley era tan humana como la misma Call. Podía sentir, de hecho, demasiado.
Call se detuvo a su lado, sintiéndose abochornada, no obstante, sintiendo deseos de decir algo. "Yo… yo no puedo imaginar como debes sentirte."
Ripley la miró sombríamente. "No, no puedes."
Call le dio la espalda, estudiando los alrededores. La oscura
cámara de aire enfriador estaba inundada, el nivel del agua subía. El agua caía
en cascada desde el techo, de los tubos enfriadores. El grupo ya estaba todo
reunido de nuevo. A la señal de Christie, todos avanzaron, caminando, hasta las
rodillas en agua.
Todos estaban aún en hiper alerta.
Aquello los extenuaba: la necesidad de
estar constantemente alerta, la falta de descanso. Call podía ver la tensión en
Johner, Hillard, el crispado Purvis. El fuerte cuerpo de Christie avanzaba
firmemente a través del agua a pesar de que llevaba a Vriess sobre su espalda.
Estaban lomo a lomo, el hombre paralizado estaba de hecho atado a la espalda de
Christie con las cuerdas que había encontrado en su silla. Vriess también
inspeccionaba el techo.
"Deben ser los tanques enfriadores," dijo Vriess. "Alguien debió haber abierto la válvula."
"No pudieron hacerlo esos asquerosos," dijo Johner, dudando después. "¿O sí?"
Hillard parecía confundida. "¿Para qué…?"
Continuaron avanzando, moviéndose lentamente.
Hicieron alto al llegar a un muro.
Había una pequeña escotilla con una escalera que bajaba hacia un último nivel. La
escotilla estaba aún abierta, pero estaba casi totalmente sumergida.
"Estamos en el fondo de la nave," les dijo Wren. "Este sector ha sido violado. Debemos bajar por aquella escalerilla que llega a la cocina, después pasar por otra escotilla de servicio, quizá sean unos veinticinco metros."
Call se percató que eso significaba veinticinco metros bajo el agua.
Christie echó un vistazo de costado y le dijo a Vriess, "¿Estás listo para mojarte, camarada?"
Vriess ladró algo que parecía una risotada. "Oh, sí."
Johner miró en derredor. "Esto apesta."
Hillard se volvió hacia Wren. "¿Está seguro de la distancia?"
El doctor asintió.
Christie se veía indeciso. "Debemos enviar un explorador. ¿Ripley?"
Call desaprobaba la idea de Christie. Pero Ripley se aproximó hacia la escotilla y miró hacia abajo.
"No me gusta," dijo suavemente.
Christie concordó con ella. "No hay nada para gustarnos."
Entonces, de forma fatalista, Ripley se encogió de hombros, con un gesto absorto. "¡De acuerdo!" anunció, tomando una bocanada de aire y sumergiéndose limpiamente bajo el agua.
Los tanques debieron secarse al fin, porque la cascada de agua remitió hacia un chorro, y después un goteo.
Nadie decía nada, ni se movían, solo observaron la escotilla por donde Ripley había desaparecido. ¿Cuánto tiempo podría una persona contener la respiración?
De pie cerca de Call, Distephano tomó una cubierta protectora de un compartimiento en su cinturón y la deslizó sobre el cilindro de su arma.
Christie lo observaba. "Deberíais hacer lo mismo" les dijo al enorme hombre y a su hermano siamés.
Christie le mostró sus armas. "Estas son desechables. Pueden soportarlo."
Distephano parecía interesado. "Desechables. He oído sobre esas. ¿Cuántos tiros?"
"Veinte," dijo Christie. De pronto el pirata y el soldado eran solo dos hombres hablando de un interés en común. "de puntas hendidas, que hacen un enorme agujero incluso con el calibre más pequeño."
Distephano asentía admirado. "Genial."
Christie continuó, como si la charla le ayudase a relajarse de la horrible tensión. Son muy buenas para quien las usa. Porque puedes deshacerte de ellas cuando has terminado. A nadie le gusta deshacerse de una arma a la que se está atado, ¿sabes?"
Fue entonces cuando el enorme hombre debió haberse percatado que no, Distephano no lo sabía, y había ido ya demasiado lejos. Este era un soldado de carrera. Seguramente con toda aquella cantinela sobre patriotismo.
Un embarazoso silencio los embargó. Los hombres no tenían nada más que decir. Vriess, desde su percha en la espalda de Christie, se ocupaba de inspeccionar el techo.
El único ruido que Call podía oír ahora eran los goteos del agua. Estaba nerviosa por la larga ausencia de Ripley y metió una mano en el agua fría para rociarse la frente.
De pronto, a sus espaldas, se elevo una erupción de burbujas a la superficie del agua. Todos se volvieron, tensos y apuntando las armas sobre las burbujas. Los segundos pasaban. La última burbuja reventó, pero no sucedió nada más. Todos se volvieron de nuevo hacia la escotilla.
Repentinamente, Ripley emergió del agua frente a ellos. Todos brincaron. Estaba aspirando aire frenéticamente.
Cuando recobró finalmente la voz, jadeó, "Había una puerta bloqueada a unos veinte metros adelante. Me llevó un tiempo abrirla. No seguí más allá, pero puedo decir que la superficie está realmente cerca."
Call miró en derredor hacia los otros. "¿Debo decir que toméis una buena bocanada de aire?" Algunos de ellos le sonrieron.
"Christie," dijo Vriess para fastidiar, "hazme un favor. Cuando lleguemos a la superficie del otro lado – nada de nadar de espaldas, ¿vale?"
El enorme hombre rió, y todo el grupo aspiró grandes bocanadas de aire mientras, uno por uno, seguían a Ripley que se volvía a sumergir para indicar el camino.
Hillard y Johner fueron los últimos dos en sumergirse. La visibilidad bajo el agua era mala. El agua estaba clara, pero había algunas luces todavía funcionando en la cocina, y todo estaba opaco. A Hillard no le gustaba eso, pero no sabía si hubiera preferido una luz más brillante. La cocina era amplia, lo que limitaba la visibilidad aún más. Miró a Wren, que estaba delante de ella, nadando hacia el otro salón. Ella no confiaba en él, y tenía una ventaja sobre ellos, puesto que era evidente que conocía las áreas de la nave.
Rodearon una esquina. Todavía faltaba mucho para salir. Hillard comenzaba a sentir la presión en sus pulmones. Se resistió. A su lado, Johner nadaba como un perro. Entonces él volvió la vista atrás, y miró de nuevo. Alentó la marcha, posándose sobre los pies, y Hillard se volvió para ver lo que él estaba viendo.
Y casi jadeó. Dos Aliens nadaban furiosamente tras ellos, tan ágiles como anguilas, sus colas ondulaban sin esfuerzo alguno bajo el agua.
Los
ojos de Johner se abrieron al máximo por el pánico. Rápidamente, cargó su arma y
disparó, la fuerza del disparo lo hizo recular en el agua.
El proyectil disparado a través del agua se dirigió a las bestias y golpeó a una de ellas justo en la frente, haciéndola estallar.
El sonido se escuchó amortiguado bajo el agua, sonando como un fuerte porrazo. El segundo Alien continuó aproximándose.
Johner experimentaba un terror
incontenible, y se lanzó nadando por el
agua como un cohete, pasando a Hillard, pasando a Ripley. Aquello hizo que la
mujer clonada se volviera y divisara al monstruo. Algunos de los otros también
se volvieron, y de pronto cundió el pánico en el grupo entero. A excepción de
Ripley. Gesticulaba directamente a Hillard, urgiéndola a apresurarse, como si la
piloto necesitara que la urgieran.
Ella no tiene problema
alguno aquí abajo. ¡Es como si ni siquiera necesitara respirar!
Hillard se percató que Purvis y Distephano pataleaban furiosamente, totalmente en pánico mientras la criatura ganaba terreno.
Ripley todavía gesticulaba a todos los nadadores, urgiéndoles. Hillard se dio cuenta que todos se alejaban de ella – que se estaba quedando atrás.
¡Lo estoy perdiendo! Necesito respirar. ¡Esa cosa me va a atrapar!
Se forzó a no pensar en ello, poniendo todas sus energías en patalear, nadar, apresurarse. Pero cometió el error de mirar atrás.
¡Estaba tan cerca! A dos brazadas la habría alcanzado. El monstruo le mostró sus dientes y para Hillard, la opaca luz en este mundo pesadilla submarina se reflejó en aquellos brillantes colmillos. Vio cómo agitaba más rápidamente su cola.
El
pánico se apoderó de ella y de pronto abrió la boca para gritar. ¡NO! Pataleó
más fuerte, más frenéticamente.
Unos poderosos e inhumanos dedos súbitamente se aferraron a su tobillo.
Gritó involuntariamente, soltando todo el aire de sus pulmones, intentando luego absorber fuertemente, desesperadamente buscando llenar de aire sus pulmones para hacer oír sus gritos de desesperación. Pero nada entró en ellos más que agua. Unas enormes y fuertes manos apresaron sus piernas, su cintura, su torso, hasta que quedó atrapada en un abrazo mortal. Ella se revolvía y pataleaba inútilmente, observando a los otros alejarse de ella en las agitadas aguas mientras se volvía para encarar el terror de su amante submarino.
¡Hillard se ha ido! ¡Se ha ido! Pensó Call tras pasar la puerta y ver la luz del cubo del ascensor atrayéndola. ¿Cuántos más se perderían a manos de aquellos bastardos? ¿Los atraparían de uno en uno hasta que no quedara ninguno? Y con la nave aún dirigiéndose hacia la Tierra, ¿Había algo –cualquier cosa- que en verdad pudieran hacer?
No podía permitirse abandonar la esperanza ahora.
Tómalo de un paso por vez. Llega al aire. Debemos tener aire.
Pataleó fuerte, proyectándose hacia arriba hacia la amenazante lejanía de la superficie. Pero justo antes de que su cabeza emergiera hacia el aire y la luz, golpeó algo con fuerza, algo flexible y transparente.
¿Qué-?
Empujó contra esa sustancia, la sintió ceder un poco, pero no lo
suficiente. El aire todavía se encontraba a unos 15 tentadores centímetros de
distancia. Debía tratarse de algo que los Aliens habían esparcido, una suerte de
fibra transparente. Pero ¿Para qué? Sin demasiado aliento, Call luchó contra la
sustancia transparente, pataleando fuertemente.

Los otros ya estaban a su lado, combatiendo la fibra, luchando por romperla. Algunos de ellos se quedaban algo adheridos a ella, usando sus últimas fuerzas.
Call levantó la vista hacia el tentador aire que estaba fuera de
su alcance. Había un ascensor a unos veinte metros hacia arriba, su parte
inferior era tan brillante como un espejo. Y entonces, Call los vio, reflejados
en el brillante fondo del ascensor. Al borde de la piscina, una serie de huevos
se alineaba a las orillas del agua.
Call no podía pensar en lo que yacía allá afuera, únicamente sabía que todos ellos morirían si no llegaban pronto al aire. Sacó su retorcida navaja, todavía oculta en su manga. La cuchilla derretida aún tenía un borde agudo, aunque redondeado. Apuñaló la fibra con la cuchilla haciendo un pequeño agujero en ella, aserrándola salvajemente, ampliando la abertura centímetro a centímetro. Johner y Christie metieron sus enormes manos en el agujero, jalando, rasgándolo, intentando forzarlo a ceder del todo, pero éste apenas se abría un poco.
Por el rabillo del ojo, Call pudo ver que el soldado, Distephano, lo estaba perdiendo, dejándose caer al agua. Y en algún lugar detrás de ellos estaba esa cosa…
De pronto, Ripley se abrió camino
hasta el grupo. Aferrando la fibra con ambas manos, jaló y la desgarró. El
grupo se precipitó a
la superficie, sus bocas abiertas al máximo, jadeando e inhalando y tosiendo en
grandes bocanadas de maravilloso aire. Junto a ella, Ripley también jadeaba por
aire, y Call se sintió agradecida que al fin Ripley daba alguna muestra de
necesidad humana.
Parpadeando para quitarse el agua de
los ojos, Call alzó la vista hacia el fondo del ascensor. Sus ojos se ab
rieron
desmesuradamente cuando uno de los huevos se abrió lenta y húmedamente. En un
rápido y explosivo movimiento, algo grotesco y con muchas patas se catapultó del
huevo. Antes que cualquiera de ellos pudiera siquiera reaccionar o intentar
apartarse de su camino, la cosa aterrizó con un sonido absorbente justo en el
rostro de Ripley.
Purvis profirió un agudo chillido cuando Ripley desapareció bajo el agua. Call intentaba seguir su descenso, pero solo pudo verla durante algunos minutos antes de que desapareciera en la espesura. Su última imagen de Ripley fue de la lucha de ésta con la cosa envuelta en su rostro.
"Puta madre," siseó Johner, alzando la vista hacia el ascensor. En su fondo brillante como espejo, observaron cómo los otros huevos se abrían con el mismo sonido absorbente, y se podían ver unas patas arácnidas emergiendo del interior.
"¡Es una trampa!" gritó Johner. "¡Nos han tendido otra maldita emboscada! ¡Todos abajo! ¡Abajo! ¡Abajo!" y desapareció bajo el agua.
Todos le siguieron sin detenerse a pensarlo.
¿Qué clase de trampa te ahoga?
Pensó Call, y después se percató. Ya sea que irrumpiéramos por la fibra jadeando por aire, con nuestras bocas totalmente abiertas, o que nos lanzáramos hacia afuera pasando la fibra, ellos nos deshojarían como flores. De cualquier manera, somos suyos.Una vez sumergidos, el grupo
miró desesperadamente en derredor, sin saber hacia dónde ir. Call no podía
ver ya a Ripley,
pero podía distinguir, a la distancia, al Alien que había matado a Hillard
nadando de nuevo hacia ellos. Al verlos sumergidos, la criatura se
apresuró.
Christie también la divisó. Luego alzó la vista hacia el ascensor de carga y la imagen de los huevos apostados al borde del agua, esperándoles.
Christie tomó su lanza granadas. Todo ocurría en silencio, con un único sonido amortiguado y burbujeante para acompañar sus acciones. Christie ajustó el rango de su arma, apuntó esta hacia arriba, hacia el reflejo de los huevos. Disparó.
La granada se proyectó desde el agua, rebotó sobre un tubo cerca del techo y cayó en el interior de un huevo con un sonido chapoteante. Hubo un golpe, luego una explosión que resonó incluso bajo el agua.
Christie ya había disparado otra granada, y otra, y otra. Una tras otra, las mortíferas granadas destruían los huevos, desparramando monstruos arácnidos y tejidos por todas partes. Después, Christie les hizo un gesto cuando hubo terminado, haciéndoles saber que era seguro emerger.
Call todavía podía ver al Alien aproximándose. Parecía que estaba observando algo, pero ¿Qué? ¿Y dónde estaba Ripley?
Call se percató que el pensar en perder a Ripley, especialmente
perderla a uno de esos horribles constrictores de rostro, era más de lo que
podía tolerar. Al tocar la superficie y ayudar a Christie y Johner a jalar al
inconsciente Distephano fuera del agua, no pudo evitar gritar el nombre de
Ripley, hasta que Vriess le pidió que se calmara, antes de que atrajera a un
infierno de monstruos hacia ellos.
Ella se mordió el labio y obedeció, volviendo su atención para ayudar a sacar el agua de los pulmones de Distephano, los ojos le escocían.
"Hey Todos," les advirtió Christie, "daos prisa. Esa cosa viene justo detrás de nosotros. Debemos subir por aquella escalera."
Call alzó la vista sobre el conducto del ascensor, vio la escalera subir justo a un costado, pasar el ascensor hasta llegar al centro de la nave. Miró más allá de Distephano mientras éste tosía y jadeaba, de nuevo consciente, y observó el agua.
Vriess, todavía colgando de la espalda de Christie, le tocó el hombro. Ella lo miró, mostrando todo lo que sentía por la mujer clonada en su rostro.
"Bien, Call," dijo él suavemente. "Es suficiente por ahora. El soldado está bien. Debemos irnos."
Ella solo pudo asentir y seguirlos echando una última mirada atrás.
* * * * * *
Ripley desgarraba a la criatura que constreñía su rostro, incluso mientras ésta luchaba para insertar su tubo de implantación dentro de su boca. No podía superar la barrera que formaban sus dientes apretados, pero aquello no detenía a la criatura de su único propósito y de sus esfuerzos. Solamente tenía un objetivo en la vida, un propósito, e incluso cuando ella le arrancaba las patas, la cosa luchaba por lograr su objetivo.
Luchando con toda su fuerza, se sintió jalada hacia el fondo de la piscina, rompiendo y rasgando al monstruo. Destruyó sus patas, pero su cola todavía se aferraba fuertemente alrededor de su cuello.
Afianzando sus dientes alrededor de la fibrosa y anillada cola, mordió con fuerza y desgarró, tragando algo de la piel de la criatura en el proceso. Una vez que liberó su rostro, despedazó a la criatura con absoluta furia. Pero al asegurarse que la cosa finalmente estaba muerta, alzó la vista y distinguió al Alien, que los había estado siguiendo bajo el agua, yendo tras ella con una rabia tan pura y absoluta como la suya.
Sin titubear, se impulsó del fondo de la piscina con un fuerte empujón, proyectándose hacia la superficie tan rápido como pudo.
Justo al llegar a la superficie, unas fuertes manos la aferraron, elevándola de la piscina. Ripley jadeaba fuertemente por aire y miró, sorprendida, el rostro retorcido de Johner.
"¡Está justo detrás de mí!" espetó.
Él la dirigió hacia la escalera. "¡Entonces debemos apresurarnos!"
Ella se volvió, viendo emerger a la criatura al llegar a los peldaños de la escalera. Los peldaños de acero transcurrían por tres costados de un tubo, y ella y Johner treparon para alcanzar a los otros.
Al mirar atrás, se sorprendió de ver que el Alien se sumergía de nuevo bajo el agua, como un submarino, hasta que desapareció. Sin embargo, dadas las circunstancias, aquello no era demasiado reconfortante. Ripley aceleró el paso para alcanzar al resto del grupo. Se preguntaba el motivo de su propia urgencia, y se dio entonces cuenta, que quería hacer saber a Call que estaba bien.
A Call no le sorprendió que Wren fuera el primero en llegar a la cornisa superior. Distephano les había dicho a qué piso necesitaban llegar, y Wren se aseguró de ser el primero en conseguirlo. En este momento, aquello apenas si le importaba a Call. Lo que necesitaban hacer todos ellos era alejarse del Alien tanto como pudieran, y tan rápido como pudieran. Si acaso él sabía como abrir la puerta, tanto mejor.
Wren se balanceaba en el angosto borde, junto a la puerta de acceso a mantenimiento mientras Call llegaba a su lado. Él continuaba mirando hacia abajo a los demás, que todavía subían, y tecleó una serie de códigos en un pequeño teclado que había junto a la puerta.
"¡De prisa!" le apresuró Call, incapaz de ver si el Alien todavía iba tras ellos.
"¡Está atascada!" Gritó Wren. Estrelló el puño sobre el teclado, en frustración. "¡Mierda! ¡Un arma!" dijo tendiéndole una mano, sin siquiera mirarla, del modo en que cualquier cirujano haría para solicitar el instrumental que su asistente debiera proporcionar.
Call miró de nuevo hacia abajo, deseando poder ver más, y automáticamente le entregó la pequeña arma que Vriess le había dado. Ni siquiera pensó en lo que había hecho hasta que alzó la vista y vio el cañón apuntando directamente hacia ella.
¿Cómo pude ser tan estúpida?
Pensó enfadada. Se había distraído tanto por la desaparición de Ripley, por el Alien que los perseguía…La expresión de Wren era de
presuntuosa satisfacción cuando apuntó y disparó a quemarropa. Call recibió el
proyectil justo en el
pecho, e instantáneamente se aferró la herida, mirando consternada a Wren. Sus
extremidades se adormecieron, su cerebro dejó de procesar y cada órgano de su
cuerpo luchaba por su vida. Al acrecentarse la inconsciencia cayó, en picado,
por el costado del largo cubo del ascensor.
Vagamente, pudo oír a Vriess gritar, "¡NOOOOOO!" mientras caía pasándole a él y a Christie, pasando a Johner, pasando a Ripley-
¿Ripley? ¿Ripley? ¿Lo lograste…?
Después golpeó fuertemente el agua y se hundió, cayendo y pasando al Alien sumergido que la observó caer sin hacer más movimientos-El último pensamiento consciente de Call fue, Ripley lo logró. Ripley lo logró.
Ripley
vio caer a Call y quedó atónita por la impresión, entonces le sorprendió
sentirse así. Vio el cuerpo de Call golpear el agua y hundirse, vio cómo la
mujer se hundía hasta el fondo, vio cómo Call pasaba a un costado de la silueta
del Alien bajo la superficie de la piscina. Algo pugnaba por salir en los
resquicios de su mente. Algo-
Una pequeña niña rubia,
caminando en agua hasta la cintura, gritando su nombre. "¡Ripley!
¡Ripley!" Apresurándose para salvar a la niña,
apresurándose contra el tiempo y los monstruos. "¡Ya voy! ¡Aguanta, ya
voy!" Pero cuando llegó ahí, hasta el agua, no había nada. Nada salvo la
cabeza de una muñeca de plástico hundiéndose entre olas, justo como Call se
estaba hundiendo ahora. Y ella estaba sollozando, gritando,
"¡Tengo que salvarla! Ellos no la
matarán. Debes entenderlo, ellos no la matarán…"
Ripley levantó la vista. Miró a Wren. Wren, quien la había creado para sus propios fines. Wren, quien había matado a Call a sangre fría. Más fría aún que la de los Aliens. La sangre más fría de todas. El doctor estaba trabajando de nuevo en el código sobre el tablero que abría la puerta. Ripley dejó de analizar sus sentimientos y comenzó a moverse, apresurándose por la escalera, pasando a Johner, pasando a Purvis y a Distephano, pasando a Christie y a Vriess.
Vriess
comenzó a gritar histéricamente. "¡WREN! ¡BASTARDO! ¡HIJO DE PUTA!"
Enloquecido, el hombre paralizado cargó su arma y comenzó a disparar hacia el
doctor, pero su posición en la espalda de Christie alteraba su puntería. Las
balas rebotaban alrededor del científico, y entonces la puerta se abrió, y él
desapareció en su interior, justo cuando Ripley llegaba a la cornisa.
Se estiró hasta la puerta, pero esta se deslizó hasta casi cerrarse en su cara. Ella interpuso las manos entre los paneles, justo antes de que se cerraran e intentó abrirlos, intentando forzarlos a deslizarse nuevamente, pero finalmente tuvo que sacar los dedos. Las puertas se sellaron firmemente. Ripley gritó, con el mismo grito de furia que había lanzado sobre el Alien muerto. Golpeo la puerta, frustrada.
Una parte distante de su mente se preguntaba si acaso no se había sentido mejor antes de descubrir esos sentimientos.
"¡Vriess!" Gritó Christie al enfurecido hombre a su espalda, "¡VRIESS! ¡Deja de disparar hombre! ¡Lastimarás a alguno de nosotros! ¡Déjalo ya!"
De algún modo las palabras le llegaron al hombre paralizado y Vriess se detuvo. Christie sentía el peso combado de Vriess contra su espalda, totalmente agotado. "Oh mierda, Christie," se quejó, "ese bastardo ha matado a Analee. La pequeña Analee…"
"Sí, hombre," dijo Christrie, sintiendo que su garganta se cerraba. "Era una luchadora. Una estupenda mujer. Lo lamento hombre." Vriess temblaba contra su espalda, y Christie esperaba que no estuviese llorando. Si Vriess lo perdía ahora, Christie temía que, después de todo lo que habían pasado, él también podría perderlo, y no podía darse ese lujo. No mientras aún cargaba con Vriess.
De pronto, Vriess se tensó. "Oh, mierda, Christie. Muévete, muévete. ¡MUEVETE!"
El enorme hombre echó un vistazo hacia abajo para ver que el Alien
que se había sumergido en la piscina súbitamente se proyectaba hacia arriba,
alcanzando la escalera y comenzando a treparla como un mono. ¡Un mono acróbata!
¡Demonios, cómo se movía esa cosa!
Christie se puso en sobre marcha, jalándose a sí mismo y a Vriess por la escalera, peldaño a peldaño. "¡Haz algo! ¿Quieres?" le ladró a Vriess.
Podía sentir que Vriess tironeaba de su revólver, luchando con él. "Está atascada. ¡Demonios!"
Sosteniéndose con una mano, Christie intentó disparar hacia abajo
hacia el persistente monstruo, pero no podía disparar lo suficientemente bajo
con Vriess a su espalda. Las balas pasaban inofensivamente sobre la cabeza del
Alien, y rebotaban en el muro opuesto.
El Alien continuó subiendo más y
más, pero luego se detuvo. Christie le echó un vistazo, solo para ver que la criatura abría sus aceradas
mandíbulas y escupía un chorro de veneno hacia ellos, como una cobra
monstruosa.
La puntería del Alien fue perfecta; la corrosiva sustancia golpeó
directamente a Christie en el ojo derecho. La conmoción y sorpresa fueron
abrumadoras, y el súbito y ardiente dolor fue tan repentino, tan inesperado, que
Christie gritó y perdió asidero. Los dos hombres se precipitaron hacia la
criatura que los esperaba, y todo lo que Christie podía hacer era gritar y
aullar por el dolor que disolvía su cara.
La caída se detuvo con un tirón
abrupto, forzando a Christie a centrar su atención en algo más que su propia
agonía. De
algún modo, Vriess se las había arreglado para asir uno de los peldaños mientras
caían. El torso del hombre paralítico era increíblemente fuerte, mucho más
fuerte que lo que su pequeña talla podía implicar, pero, ¿sería lo
suficientemente fuerte para sostenerlos a ambos? Intentando forzar su mente para
concentrarse en su supervivencia, en vez del ácido que aún corroía su piel y
rostro y su ojo deshecho, Christie se percató del obstáculo en que ahora se
había vuelto él para Vriess. Aquello era lamentable, realmente. Absolutamente
lamentable.
Vriess consiguió aferrarse al peldaño con la otra mano, pero Christie podía ver con su ojo sano que sus pies colgaban inútilmente justo por sobre la cabeza del monstruo. Con un gruñido por el esfuerzo, Vriess comenzó a impulsarlos a ambos hacia arriba, pero súbitamente la mano del Alien se aferró a la pierna de Christie como una prensa. El enorme hombre gimió, asqueado por el contacto inhumano y por lo que ello implicaba. Pensó en Elgyn. Y en Hillard.
El Alien jaló, su fuerza era igual a la de cinco hombres, quizá diez. Christie escucho gemir a Vriess, lo sintió aferrarse al peldaño con toda la fuerza que le quedaba.
Christie tuvo un súbito recuerdo de Kawlang-
-De él inclinado sobre Vriess en un horrible lugar pantanoso,
viendo la metralla clavada en la espina de Vriess. Recordó que Vriess sollozaba,
gritaba "¡Largáos de Aquí! ¡Dejádme! ¡Todos moriréis si no me dejáis aquí!"
Recordó que Elgyn le gruñía, "Vriess ¿quieres cerrar el pico?" y asentía hacia
Christie. Recordó que Hillard ató al hombre lastimado a sus espaldas, y que
Johner no paraba de refunfuñar todo el tiempo. "Si nos matan a todos, maldito
bastardo," perjuró Johner, "te voy a maldecir, hijoputa." Casi habían salido
limpios de ahí cuando les tendieron aquella emboscda, y Johner quedó con aquella
cicatriz en su rostro. Culpaba a Vriess por "¡haber perdido mi maldita
galanura!" y las cosas nunca volvieron a ser iguales entre ellos.
Pero todo lo que Christie podía recordar ahora era haber llevado entonces a Vriess sobre su espalda, sintiendo la sólida presencia contra él, repitiéndole una y otra vez, "Hombre, no te me mueras. Debes cuidarme las espaldas, camarada. Solo continúa cuidándome las espaldas."
Era gracioso como la mente podía trabajar tan rápido cuando no había tiempo que perder.
El Alien dio un leve tirón casual, y Christie podía jurar que la bestia les sonreía, que jugaba con ellos. Vriess jadeó, todavía sujeto a la escalera con todas sus fuerzas.
Ahora es mi turno de ir a la espalda
, pensó Christie, cuidándote las espaldas. Pero, amigo, creo que se nos han acabado las opciones. Y Dios, nunca antes algo me había dolido así, no de esta manera, jamás.El Alien tironeó de nuevo, y Vriess gimió. Christie sintió que las manos de su camarada comenzaban a resbalarse casi como si fueran sus propias manos asiendo los peldaños.
Johner no podía creerlo cuando vio que Vriess se aferraba a la escalera para detener su caída. Fue un movimiento asombroso, pero parecía como si al tullido y a Christie se les acabara la suerte. Podía ver que el Alien los había apresado, jugando con ellos. Y Johner pudo ver la torturada expresión de Vriess mientras se aferraba luchando por su vida y la de su viejo amigo.
Sin pensarlo dos veces, Johner separó los brazos, sujetando un
arma en cada mano. Colgando sus rodillas sobre un peldaño, se desdobló como un
acróbata, colgando boca abajo con la escalera a sus espaldas, dejando libres sus
manos y manteniendo las piernas en una posición firme. Apuntando al enorme y
negro cráneo por entre sus compañeros, le disparó al monstruo.
Las balas se precipitaron, pasando a los dos derrotados hombres, e impactando sólidamente sobre la enorme cabeza del Alien. Hubo una pausa momentánea-
Y entonces la cabeza de la bestia explotó de golpe, derramando una
gran cantidad de sangre y tejido. Algo de ello aterrizó en la escalera, que
comenzó a sisear, pero Vriess y Christie parecieron salir sin mayor
daño.
"¡Te atrapé, bastardo!" gritó Jonher y después se enderezó para continuar subiendo.
En
cualquier caso, tan pronto como estuvo enderezado, se enfrentó cara a cara con
algo que había en la escalera, algo horrible. Su cara se contrajo por el horror,
y casi cae de espaldas, cuando descubrió las dos hebras de una gran tela de
araña con una horrible…cosa… que pendía en su centro.
Con un agudo grito, Johner elevó su arma y disparó al maldito insecto. Después, al darse cuenta de lo que había hecho, de cómo había reaccionado, trepó al escalón y comenzó a temblar.
"¿Está muerto?" jadeó Vriess, todavía colgando de la escalera.
"Oh, Sí," susurró Christie, apenas capaz de poder hablar dado el dolor. "Muerto y bien muerto." Su agonía era casi total, pero aún estaba consciente de que la inmóvil criatura colgaba de su tobillo. No podía agitarla lo suficiente para que se aflojara. Colgaba, con un peso muerto, permanentemente unido a él. Vriess estaba perdiendo asidero. Definitivamente se les habían acabado las opciones.
Vriess debió haber mirado hacia abajo, percatándose de lo que había ocurrido. Todavía murmuraba la misma letanía de "Oh, mierda, oh mierda, oh mierda…"
Estás en lo cierto, viejo amigo
, pensó Christie, delirando de dolor. Sintió que Vriess se desasía un poco más.Sin opciones.
Desde más arriba, los otros debieron percatarse de lo que sucedía. Escuchó, vagamente, que Distephano maldecía, escuchó que Ripley súbitamente gritaba. Quizá estuviesen bajando a por ellos –pero no lo lograrían a tiempo. Christie sabía lo que debía hacer.
Rebuscando en su bolsillo lateral, Christie sacó su cuchillo.
La voz de Ripley le llegó, fuerte, aguda, demandante.
"¡CHRISTIE NO! ¡DEMONIOS, NO LO HAGAS!"
¿Qué hay de eso eh?
Pensó el hombre herido, mientras deslizaba su cuchillo bajo las correas que lo ataban a Vriess. Ni siquiera pensé que sabía mi nombre.Detrás de él, Vriess notó lo que su amigo pretendía hacer. "Hombre… ¿Qué?… ¿Qué demonios estás…? ¡Christie! ¡No! ¡Noooo!"
¡Deja de gritar, hombre, y guarda tus energías! Pensó Christie, atontado. Estaba tán débil por el dolor y por el peso muerto que colgaba de su pie, que apenas tenía la fuerza suficiente para cortar las correas que lo ataban a su amigo. Pero tenía que hacerlo. O de lo contrario, ambos morirían. Cerró los ojos y se forzó a hacer un esfuerzo final.
Escuchó su nombre a labios de sus amigos, hombres y mujeres por igual, cuando las cuerdas cedieron al fin. Christie y el Alien se precipitaron hacia abajo, golpeándose con los bordes metálicos antes de golpear finalmente el agua y desaparecer.
Cuando quedó liberado del terrible peso de su amigo y el monstruo, Vriess se aferró a la escalera con más ahínco. Christie había muerto para salvarle; no podía deshonrar a su amigo rindiéndose ahora. Pero aún así, ¿cómo podría continuar la marcha? Elgyn, Hillard, Call. Ahora Christie.
Pero Christie había muerto para salvarle. Él debía vivir. Vivir como un tributo a ese sacrificio.
Con las manos acalambradas, Vriess trepó peldaño a peldaño casi por fuerza de voluntad, llorando en todo el trayecto.
11
Ripley se hallaba de pie en el angosto borde de las puertas del ascensor, intentando discernir el siguiente paso. El sacrificio de Christie, tan inmediato a la muerte de Call, había agitado sus emociones. Pero no tenía tiempo para sentir, para condolerse, incluso para reconocer que estaba experimentando esos sentimientos.
Sin embargo, podía sentir la presencia de otro guerrero que era enviado a ocupar el lugar de aquel que había matado Johner. Redobló sus esfuerzos en el teclado, intentando abrir las puertas. ¿Habría Wren saboteado el portal de algún modo?
El pensar en Wren, incluso brevemente, incrementaba su rabia. No cabía duda, él iba en camino a abordar el Betty, y camino a la escapatoria, dejándoles a ellos a negociar con los Aliens.
Distephano y Purvis la observaban, esperando que diera algunas respuestas. Ella suspiró, frustrada y se preguntaba por qué pensarían ellos que ella tenía las respuestas. Entonces se preguntó por qué le importaba lo que ellos pensaban.
Para empeorar las cosas, Johner llegó finalmente a la cima de la escalera y, para su angustia, la miró directamente y le preguntó, "¿Y ahora qué hacemos?"
¡No! ¡Él también!
Antes de que pudiera responder que el portal estaba bloqueado y que se le habían acabado las ideas, las puertas comenzaron a sonar ruidosamente. Sorprendida, Ripley casi pierde el equilibrio. Se volvió y se dio cuenta que el tablero parpadeaba con una señal intermitente, y después las luces del portal comenzaron también a parpadear.
Todos se quedaron paralizados, y sacaron sus armas al unísono, apuntando a las puertas. Nadie respiraba.
¿Habrá reconsiderado Wren y vuelto a por nosotros? Se preguntó Ripley, desechando inmediatamente una noción tan ridícula. Especialmente, porque había otro escenario más factible. Ellos han aprendido cómo abrir las puertas. No puedo imaginarme cómo lo hicieron.
La propia Ripley estaba desarmada, y solo podía permanecer en aquel bordillo muy quieta, observando las puertas, esperando las malas nuevas. ¿Qué más podía ser?
Miró a lo largo del portal y se percató que la parte inferior chorreaba agua. ¿Agua…?
Entonces, finalmente, las puertas se abrieron con un siseo y Ripley miró, tan atónita como todos los demás.
¿Call? No, eso no es posible…

La menuda mujer estaba engarrotada y tiritando. Goteaba agua de los pies a la cabeza, pero fuera de eso, no parecía estar mucho peor. ¡Ni siquiera respiraba fuertemente! Ella miró a todos en la escalera, con los ojos como platos, observándola, y dijo secamente, "por aquí."
Pero nadie se movió. Todos estaban demasiado sorprendidos, no podían comprenderlo. Permanecieron plantados ahí, con sus armas absurdamente apuntando hacia ella.
"¡Andando!" Dijo, dando luego una palmada para motivarles.
Finalmente, respondieron como un grupo y comenzaron a trepar, uno por uno, hacia el bordillo de las puertas. El grupo llegó hasta el otro lado, emergiendo hacia el corredor de la nave.
Vriess finalmente llegó a la cima de la escalera y Purvis y Distephano le aferraron por los brazos y le subieron. Vriess distinguió la estancia donde los otros se hallaban, medio colapsados, intentando recuperar el aliento.
Vriess recibió a Call con una total sorpresa. "¡Nena, qué gusto me da verte! Estaba seguro que ese idiota te había alcanzado. ¿Estás herida?" Le tendió una mano para que la estrechara.
Pero ella se limitó a darle la espalda al grupo, murmurando, "Estoy bien."
La mirada de Ripley saltaba de uno a otro, y ellos le devolvían la misma mirada atónita que tenía ella, con las mismas preguntas que ella se hacía, incluso Vriess.
Quedamente, Distephano preguntó "¿Es que llevas puesta una armadura?"
"Sí," dijo ella para terminar con eso. "Vamos."
Pero Ripley no se lo tragaba. Había visto a Call con el chaleco abierto cuando estaban abajo. Su delgada y húmeda remera se pegaba claramente a sus costillas. No llevaba protección alguna. Se acerco a la mujer.
"Te dio en el pecho," dijo suavemente, "lo ví."
Call la miró, desafiante. "¡Estoy bien!"
Ripley clavó la vista en sus oscuros ojos, con aquella mirada penetrante suya, buscando la verdad, buscando respuestas. Call no pudo sostenerle la mirada. Su barbilla tembló débilmente y entonces, súbitamente, la ruda mecánica se desmoronó y comenzó a llorar como un chiquillo perdido.
Sus lágrimas tocaron a Ripley de un modo muy visceral. Pero aún así, tomó los bordes de su chaleco y lo abrió gentilmente.
En efecto, le habían disparado directamente en el pecho- pero en vez de mostrar sangre, hueso y tejido pulmonar, la horrible y profunda herida reveló una confusa maraña de partes de ordenador, órganos manufacturados, componentes de memoria, tubos y cables sintético orgánicos.
"Un robot." Dijo Ripley con voz seca.
Desde algún profundo lugar en su interior, afloró un recuerdo. Prefiero el término ‘persona artificial.’ Cerró los ojos, cansadamente.
"Hijo de puta," murmuró Johner, asombrado. "La pequeña Analee está llena de sorpresas."
Ripley dejó caer las manos, hablando casi para sí misma. "Debí imaginarlo. Toda esa mierda sobre ser humano. Nadie es tan entusiasta como un Vuelto a Nacer."
Distephano se había acercado y parecía estar examinando el líquido blanco azulado que Call usaba por sangre. Estaba salpicado en su pecho y ropas, pero era obvio que ella ya lo había controlado. Debió hacerlo, puesto que todavía funcionaba.
"Creía que los sintéticos debían tener toda esa mierda de la lógica y tal," dijo Johner al grupo. "¡Esta es una vieja psicótica!"
Ripley tuvo que abstenerse de voltear a mirarlos. Cuán fácilmente descubría Johner a uno de su propia clase.
"¿Una terrorista?" Preguntó Purvis nerviosamente. "¿Entonces, no estaba ella aquí para protegernos?"
Ripley intentó hallar la respuesta en los ojos de Call, en su expresión, pero la mujer –el robot- no le estaba dando ninguna respuesta.
La voz de Vriess casi se quebró. "Eres de Segunda Generación, ¿verdad?"
Ripley buscó en sus recuerdos, pero no pudo encontrar referencia alguna sobre aquel término. Después de su tiempo, y ¿antes de este?

"Dejádme en paz," dijo Call cansadamente, una vez controlado su llanto. Sus lágrimas, quizá, pero no su voz. Su dispositivo de voz se distorsionaba un poco, revelando los efectos del daño. Sus palabras eran un poco lentas, con un extraño eco mecánico. Era escalofriante.
"¿Call…?" Presionó Vriess, esperando su respuesta. Sintiendo, quizá, que se la merecía.
Con amargura, ella respondió, "Sí."
"¿Segunda Generación?" Ladró Johner, riendo. "Mierda, eso lo explica todo.."
Ripley no reconoció el término. Pero no hizo ninguna pregunta, solamente escuchó y aguardó.
"Eres un Autómata, ¿verdad?" Preguntó Distephano.
Se escuchaba extrañamente interesado, no recriminando. Sin duda él estaba recordando cuando Call había salvado su vida en el comedor, donde Johner seguramente lo habría matado a sangre fría.
Distephano debió notar la confusión en el rostro de Ripley, y se percató que no tenía forma de interpretar todo aquello. Él le explicó, "robots diseñados por robots. Altamente éticos y emocionales. Se suponía que iban a revitalizar la industria sintética. En vez de eso, la destruyeron."
Ripley volvió a mirar a Call. Se acordó de Bishop. Entonces, se acordó de Ash. Ahora comprendía. "Ellos eran demasiado buenos."
Distephano asintió. "No les gustaba que les dijeran qué hacer. El gobierno ordenó una reprogramación." Su voz se hizo más suave. "Una jodida masacre. Siempre oí decir que solo algunos de ellos lograron salir intactos, pero, ¡Cielos! … Nunca creí que llegaría a ver uno."
Ripley observó a Vriess de reojo. Parecía decepcionado y triste, casi descorazonado, como un hombre que lo hubiera perdido todo.
Purvis miraba de uno a otro, nerviosamente. "Genial. Es genial. Es un maldito tostador. ¿Ya nos podemos ir?"
El rudo recordatorio fue el incentivo que necesitaron para reaccionar ante la sorpresa. Todos parecieron recobrar la compostura.
"¿Cuánto tiempo tenemos antes de aterrizar?" Preguntó Johner al soldado.
"Menos de dos horas." Respondió Distephano.
"Y ya vamos retrasados," refunfuñó Johner. "Debemos irnos ya."
Call se apartó del grupo, evidentemente, para hacer más reparaciones en su cavidad. Los hombres súbitamente comenzaron a hablar al unísono, interrumpiéndose unos a otros. Una vez más, Ripley los observaba distante, sintiendo cómo se desviaba la dinámica de grupo una vez más. Solo que en esta ocasión, Call, como la propia Ripley, estaba fuera del grupo, separada de ellos. Para no reunirse jamás.
Se acordó cuando Call le tendió el lanzallamas en el laboratorio de clones.
En aquel desastre de conversación, se percató que Vriess miraba en dirección a Call. Aún se veía acongojado, decepcionado. Ella lo escuchó murmurar con disgusto, "Jesús…"
"Sí," concordó Johner, "se le aflojó un tornillo, quizá solo necesite un cambio de aceite. No puedo creer que casi me follo a la cosa."
Vriess lo miró con desagrado. "Sí, claro. Como si nunca antes hubieras follado con un robot."
Se estaban separando, pensando individualmente una vez más, ya no como una unidad. Ripley no quería asumir el liderazgo, pero no veía otra alternativa. Christie estaba muerto. Adelantándose, preguntó, "¿Dónde estamos exactamente Distephano?"
"En las cubiertas superiores," dijo él. "El almacén… La capilla está arriba, pero no hay mucho más por aquí."
"¿Podemos llegar a la nave desde aquí?"
"Está a unos cinco niveles más abajo," dijo él, pensando. "Es posible."
Johner tuvo un presentimiento, uno muy malo. "¿Y qué tal si el buen doctor llega primero al Betty?"
"¡Mierda!" Maldijo Vriess.
Ripley miró al soldado. "¿Hay otra manera? ¿Una más rápida?"
Él consideró. "Eh… sí. A través de los muros. Debemos desbloquear la puerta. Tomará algún tiempo." Bajó la vista hacia Vriess. "¿Tiene usted herramientas?"
Todos recordaron la silla abandonada.
Vriess negó con la cabeza
"¡Solo volemos la maldita puerta!" Decidió Johner simplemente.
Distephano apunto al techo. "Estamos en la cima de la nave. Aquel es el casco exterior."
"Y si Wren accesa a la computadora," se percató Ripley, "nos va a joder, y bien." Y lo haría. Sin dudarlo.
"Debemos encontrar una terminal," anunció Johner.
"No hay consolas en este nivel," explicó Distephano. "Debemos regresar."
"¿Regresar?" Exclamó Ripley incrédula. "De ningún modo."
El soldado suspiró disgustado. "Y yo no sé los códigos de acceso de Wren."
¿Qué sigue ahora? ¿Más malas nuevas?
Ripley se pasó distraídamente la mano por el cabello, pensando, intentando pensar en-Se volvió y miró a Call, que seguía apartada, todavía reparando su cavidad. Dio un paso hacia el robot. "Call."
El robot no la miró, nunca indicó que la había escuchado. Su voz sonaba un poco más clara, y dijo, "No. No puedo."
Johner se aferró a lo mismo. "¡Y una mierda! ¡Ella es un maldito transmisor!"
"Mierda," murmuró Vriess. "Es cierto. Eres un androide de modelo reciente. Puedes accesar a la computadora central por control remoto."
Call sacudió la cabeza decididamente, todavía sin mirarles. "No puedo. Quemé mi módem. Todos lo hicimos."
Vriess se inclinó hacia ella. "Aún así puedes conectarte manualmente, y lo sabes." Su voz se había suavizado de nuevo.
Aquel tono debió tocar algo en Call, porque finalmente levanto la vista, mirando a todos ellos. Su expresiva oh-tan-humana cara revelaba desagrado, ira, enojo. Sabía que no tenía opción. Era esa clase de acuerdos. Ripley lamentó haberla forzado a hacerlo de ese modo.
¿Pues quién de nosotros tiene alguna opción aquí?
"Hay puertos en la capilla," dijo Distephano con voz monótona.
Ripley tocó suavemente el hombro del robot. "Vamos," le dijo suavemente.
Al percatarse que los demás las miraban, volvió la cabeza hacia el grupo, "vosotros, intentad desbloquear la puerta."
Inmediatamente todos pusieron manos a la obra, como si les hubiera prendido fuego en los pies.
Al entrar Ripley y Call en la capilla, Call se preguntaba sobre la diferencia de Ripley y de cómo se vería reflejada en su propia diferencia. A pesar de la actitud que Ripley había tomado en el laboratorio de clones, la fría distancia que ella mantenía continuaba existiendo, o por lo menos así lo creía Call. Pero era claro que, tras todas las dificultades que habían pasado, el nadar bajo el agua en la cocina, después trepar por el conducto del ascensor, algo había cambiado. Quizá esas experiencias habrían finalmente resucitado a la verdadera Ripley. Quizá este clon de mujer que había luchado tan intensamente para destruir a los Aliens, era finalmente humana en su totalidad.
Resucitando justo a tiempo para salvar a su gente una vez más.
Al menos ella tiene gente a quién salvar, pensó Call amargamente, recordando, ahora y por siempre, la mirada en el rostro de Vriess cuando vio su herida, cuando se percato de lo que era ella. De forma distante, se preguntó lo que hubiera pensado Christie si hubiera vivido. Pobre Vriess. Lo ha perdido todo, a todos los que en algún momento le importaron, incluso a mí. Ya nunca volverá a verme de la misma manera… El perder su afecto significaba mucho más para ella de lo que se había imaginado.
Oh, Ripley, pensó, estabas mejor cuando te importaba una mierda la gente. Desearía poder encontrar esas conexiones dentro de mí y apagarlas.
Pero ella estaba programada para eso –emociones humanas, respuestas empáticas. Unas palabras muy grandes para explicar las motivaciones genuinas de un robot.
Ella miró en derredor a la pequeña habitación. Era una capilla clásica, escrupulosamente limpia y muy pequeña. Había un altar, una variedad de símbolos religiosos que podían intercambiarse para la religión que se llevara a cabo –una estrella de David, una cruz plana de plata, un estandarte verde con una luna creciente, e –irónicamente- una paloma de la paz. Casi la hizo reír el ver ese símbolo ahí en aquel complejo militar espacial, cuyo único propósito era desarrollar la más mortífera arma bioquímica jamás descubierta.
El único símbolo religioso que falta es un chip de computadora con rayos divinos saliendo de él, para aquellos que, como Wren y Pérez, solo adoran la tecnología.
Tras el pequeño altar había una ventanilla falsa de cristal plastificado, empotrada a la pared y alumbrada con bombillas. El último servicio aquí debió ser Cristiano, porque la cruz estaba colgada ante la ventana del altar. Sin siquiera pensarlo, Call se persignó.
Ripley parpadeó por la sorpresa. "¿Estás programada para eso?"
Call le dirigió una amarga mirada. No, no estoy programada para eso. Tengo un cerebro funcional. He examinado el tema. Y sucede que creo. Pero no tiene caso discutir eso contigo. No has vivido lo suficiente para desarrollar tu filosofía, clon.
Inmediatamente se sintió culpable. ¿Quién era ella para menospreciar a un ser humano real? ¿A uno que poseía un alma verdadera? Cuando ella fuera exterminada, no habría una vida después de la muerte para ella, más de lo que la podría haber para una bombilla.
Call miró en derredor a las bancas y encontró una Biblia. Sacándola de su compartimiento, abrió el dispositivo electrónico. Bajo la cubierta de imitación piel había una pequeña pantalla. Decía: "LA SANTA BIBLIA. PRESIONE ‘INICIO’" Reverentemente, Call tocó la pantalla, pensando en el enorme consuelo que las palabras de ese libro le habían proporcionado cuando se le había asignado esta misión, sin importar los riesgos.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno; porque Tú estarás conmigo: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento…
Inclinándose, Ripley tiró del cordón del puerto de la Biblia, y se lo ofreció a Call.
"No me obligues a hacer esto." Murmuró Call, con una voz aún distorsionada.
"No me obligues a obligarte," respondió Ripley.
Ambas hablaban ahora en voz baja; después de todo, estaban en la iglesia.
Call
se atrevió a mirar a los ojos a la mujer clonada. La simpatía que halló en ellos
casi la enfermó. No obstante, protestó. "No quiero meterme ahí. Mis interiores
se sienten líquidos. Parece como si no fueran reales."
Lo que en verdad quería decir era, ¡He pretendido ser humana durante tanto tiempo, he sido aceptada como humana desde hace tanto, que no recuerdo lo que se siente ser un Autómata! Y esto me lo recordará. ¡Me hará ser de nuevo una máquina! No creo que pueda enfrentarme a eso.
Ripley aferró firmemente su muñeca, su rostro se veía cada vez más decidido. Con sorpresa, Call se percato que finalmente parecía humana. Finalmente parecía ser la verdadera Ellen Ripley que había muerto hacía doscientos años.
"Supera eso," le dijo Ripley amablemente. Entonces añadió algo más que, calculó, llegaría a Call a pesar de su daño, a pesar de su pérdida. "Puedes volar la nave, antes que llegue a la Tierra. Matar a los Aliens. Matarlos a toso."
Aquello era el recordatorio que Call necesitaba, por lo que había venido aquí desde un principio. Su misión. Su propósito.
"Sólo danos tiempo de salir primero," añadió Ripley para finalizar.
Por esto siempre fuiste tú
. Se percató call. Por esto tu siempre sobrevivías, porque siempre los derrotabas. Tu meta. Tu determinación. ¿Genética? ¿Medio ambiente? ¿Fortaleza personal? Da lo mismo. Tú eres Ripley. Tú.Call asintió, sintiendo como si algo de la fuerza de Ripley –de la humanidad de Ripley- estuviese dentro de ella ahora. Jalándo su manga hasta sus codos encontró un pequeño lunar en su antebrazo, y éste era la marca de una pequeña conexión de dos puertos.
Tomando el cable que Ripley le ofreció, lo conectó a su terminal interna, después esperó que comenzaran las conexiones automáticas. Al principio, no ocurrió nada. ¿Habrían saboteado los Aliens la computadora central? No, aquello era imposible. Inclinó la cabeza, escuchando, esperando, sintiendo. "¡Maldicion!" murmuró.
"¿Hay algo?" preguntó Ripley preocupada.
"Aguarda un minuto…"
Entonces ocurrió, todo al unísono.
En un instante, ella era Annalee Call, absolutamente humana, si acaso dañada, y al siguiente, era el Auriga. Enorme, en movimiento. Invadida. Sin embargo, extrañamente incapaz de preocuparse. Era tan impersonal para ella como si el centro de la memoria de Annalee Call supiera que había sido creada en una fábrica. Mientras que Call tenía sentimientos y ética implantados en ella, debía enseñársele a usarlos como a un recién nacido. La nave no tenía que lidiar con eso, solamente tenía situaciones y problemas que contender. Todos ellos eran como blanco y negro, sin ninguna área gris. La invasión era solo un problema a resolver. Pero trabajaba en ello.
Como el Auriga, ella lo sabía todo, lo veía todo, lo escuchaba todo. Podía verse a sí misma, a Annalee Call, sentada junto a Ripley en la Capilla. Call parecía una muñeca abandonada, con los ojos muy abiertos pero ausentes, las pupilas estaban muy dilatadas. A su lado, Ripley se veía inquieta, preocupada.
Eso la tocó de algún modo, que esta mujer, esta humana, se preocupase por ella. Desde luego, Ripley no era verdaderamente humana… No, su cerebro negaba esa noción. Ripley era totalmente humana. Su tipo de sangre, sus uñas, su habilidad de resistir bajo el agua, su fuerza –todo eso no significaba nada a la larga. Ripley era humana. Y eso lastimaba a Call. Tocó a la robot/nave, de una extraña y terrible manera. La nave tenía que pensar en ello.
En el interín, hizo un rastreo de sí misma buscando información, queriendo, necesitando saberlo todo.
Ripley dijo suavemente, "¿Call?" "¿Qué ocurre?"
La nave respondió inmediatamente. Ripley no tenía ningún código de acceso, pero Call anuló ese requerimiento. Procedió a decirle todo tan rápido como pudo.
"Violación en el sector siete, sector tres. Sector nueve inestable. Motores funcionando al ochenta y seis por ciento. Faltan noventa y seis minutos para llegar a la Tierra." Había más, mucho más, y la nave habló más y más rápidamente. Intentando revelarlo todo.
Finalmente, Ripley tocó su brazo, y la calidez de ese contacto humano alteró a la nave, la cambió. "Tranquila Call. ¿Puedes regresar ahora?"
El robot parpadeó, separándose de la super computadora de la nave, y volvió a ser simplemente Call, un Autómata con algunos daños. Parpadeo y le dijo a Ripley. "Hemos gastado demasiada energía, no consigo llegar a la masa crítica. No puedo volar la nave." Tenía sentimientos nuevamente, y eran los más desoladores que jamás había sentido.
Ripley aún la tocaba, mirándola con aquella fría mirada. "Entonces, estréllala," dijo decisivamente.
El resto del grupo trabajaba afanosamente para desbloquear la puerta sellada –con Vriess ofreciendo cierto nivel de liderazgo, aunque su corazón no le fuera en ello –Larry Purvis intentaba no malgastar tiempo pensando en las extrañas circunstancias que lo habían llevado ahí. Si pensaba en ello, su rabia hacia todos los que estaban a su alrededor estallaría y no podría controlarla. Era una ironía terrible que su única salvación posible residiera en las propias manos de la gente que le había hecho esto, pero esa era la realidad. Y Purvis era realista.
Trabajó más afanosamente que nunca en su vida, y no se permitía pensar demasiado. Intentó espiar por un borde de la puerta, incrustando un tubo entre los bordes para poder hacer palanca. Gruñó, haciendo presión sobre ésta, esperando que su peso pudiera servir para desplazar la puerta, aunque fuese un poco.
Un agudo y penetrante dolor en su pecho le hizo jadear, y se aferró el pecho con las manos. Todos se detuvieron instantáneamente. A pesar del dolor, Purvis estaba totalmente consciente de que johner y Distephano habían sacado sus armas y le apuntaban.
¡No! ¡No, puedo terminar de esta ridícula y estúpida manera! ¡NO!
Apretó los dientes, y esperó. Entonces, tan instantáneamente como había empezado, el dolor remitió. Purvis inhaló profundamente un par de veces. Se había desvanecido. Eran los nervios, quizá. ¿Estrés? Sí, estrés.
Sonrió débilmente a los otros, que lo miraban muy atentamente. "Estoy bien. Estoy bien, de veras. Me siento bien."
Asintió vigorosamente, como para convencerles con una falsa jovialidad. Las armas bajaron, y todos volvieron a la tarea de abrir las puertas.
Pero Purvis sabía que todos lo miraban de reojo.
Ripley observaba a Call entrar de nuevo en la nave, sus ojos no parpadeaban, las pupilas se habían dilatado nuevamente, primero una, después la otra.
"Nivel recalibrado… Nuevo rumbo siete, sesenta, cuatro, cero tres. Cuadrante deshabitado. Sistema de frenos anulado, incremento de aceleración. Tiempo de impacto cuarenta y tres minutos, ocho segundos."
"Intenta abrirnos un camino hacia el Betty," le recordó Ripley. "Y enciende los motores."
Call parpadeó una vez, como para afirmar lo que decía la mujer, después se volvió a meter en el trance.
El Auriga verificó los corredores que llevaban hacia la nave pirata. Abrió cuatro puertas en sucesión para dar un rápido acceso a la nave. Se metió dentro del propio Betty, y la encendió. A bordo del Betty, las luces se encendieron, el motor cobró vida. Las pantallas e indicadores también se encendieron, y la nave pirata comenzó a hacer un auto diagnóstico previo para calentarse.
De vuelta en la capilla, la nave le dijo a Ripley usando la voz de Call. "Nave preparada, combustible suficiente…" La nave hizo una pausa. Algo. "Detección de movimiento en el Auriga, sub niveles seis al nueve. Las cámaras no funcionan. Intento de seguimiento no funcional, espere, imagen parcial en tanque de desperdicios, presencia no autorizada…"
Junto al cuerpo de Call, Ripley preguntó ¿No autorizada?
"Inhumana," especificó la nave.
La voz de Ripley cambió. "¿Cuántos?"
"Por favor espere," dijo Call/Auriga. "Anulación de emergencia en consola cuarenta-cinco-V nivel uno… Identificación con huella digital…"
Call parpadeó, y se volvió hacia Ripley, siendo Call nuevamente. Con su propia voz, dijo. "Es Wren, casi ha llegado al Betty."
Ripley levantó una ceja. Imitando el tono condescendiente de Wren, le dijo a Call, "¿Y cómo se siente usted al respecto?"
El Doctor Mason Wren llegó a otra puerta cerrada. Las puertas alentaban su avance, pero con sus códigos de seguridad, no había mayor problema para detener su avance. Y en aquel momento, se encontraba a solo cinco puertas del Betty. Una vez que abordara la pequeña nave pirata, podría utilizar sus conocimientos del Auriga y sus códigos para obtener acceso a la computadora central y controlar la enorme estación desde el exterior. Era capaz de detener la nave militar, después la pondría en una órbita segura alrededor del planeta más cercano. Una vez estabilizada, contactaría a la milicia para que mandaran el equipo y las tropas necesarias para rearmar la estación y para inmobilizar a todos los Aliens hasta poder contenerlos nuevamente. Entonces volvería al trabajo, con más especimenes para trabajar de los que se había imaginado.
Pero lo primero era lo primero. Y su primera prioridad era llegar al Betty y salir de ahí.
Todavía lamentaba haber perdido al clon Ripley en el proceso, pero cuando menos, había podido estudiarla durante algún tiempo. Y ahora contaba con más especimenes de Aliens de lo que podía esperar, así que no sería necesario clonarla de nuevo. Tenían suficientes muestras de su sangre congeladas. Ahora sería sencillo clonar cientos de Ripleys, cada una con una Reina creciendo en su interior.
Wren se detuvo ante la puerta cerrada y tecleó su código de acceso. Las luces en el tablero parpadearon por un momento, y después la luz roja de "sellado" se volvió verde. Con un sonido apagado, las puertas se abrieron.
La voz de Padre anunció. "Anulación de emergencia confirmada."
La enorme puerta comenzó a ascender. Wren miraba nerviosamente en derredor. Estaba muy cerca ya-
A unas pulgadas del suelo, la pesada puerta detuvo el proceso, permaneciendo inmóvil. Estaba demasiado bajo como para poder pasar por ahí. Wren refunfuñó, y tecleó sus códigos nuevamente. Pero esta vez, Padre no respondió.
Cuando estaba por teclear nuevamente sus códigos, todas las luces del corredor se apagaron súbitamente. Ahora estaba casi en penumbra, y solo había un débil brillo de las luces del teclado y de las luces de emergencia.
Wren pudo de hecho sentir cómo se le iba el color de las mejillas. Miró atrás nerviosamente, tragándo saliva con esfuerzo. Humedeciendo sus secos labios, dijo suavemente. "Padre, reinicia los sistemas en el cuarenta-cinco-V. La autorización se ha detenido."
Solo había un mortal silencio. Wren lo rompió sudando profusamente, a pesar que sentía escalofríos. ¿Pudieron haber hecho esto los Aliens? ¿Ocasionar un desperfecto tan amplio, o un fallo de computadora tan completo que..?
"Padre, localiza la falla de energía. Reporta." Más silencio.
"¡Padre!"
La voz que le respondió proveniente de los altavoces era joven y femenina. "Padre ha muerto, imbécil."
La reconoció instantáneamente. Era la voz de esa pequeña terrorista, Call, la que había descubierto en la celda de Ripley. Se giró, intentando verla. Pero la voz provenía de todas partes, como había hecho siempre la voz de Padre.
La puerta que había tratado de abrir súbitamente se cerró de golpe, casi en sus propios pies. Los seguros volvieron a activarse. El sonido era final. Irrevocable.
Wren se quedó ahí, mirando la puerta estupefacto. Mirando la nave entera, que se había convertido en su asérrimo enemigo.
Detrás de él se abrió una puerta diferente. Podía ver la luz de emergencia parpadeando sobre ella, como una flecha que apuntase en su dirección. Diablos, aquella no era la puerta correcta, era la incorrecta. No había modo de llegar al Betty por esa puerta.
La voz de Call resonó a través de la nave. "Intruso en nivel uno. Intruso en nivel uno. Todos los Aliens, favor de dirigirse al nivel uno. El Doctor Wren está ahí."
Wren jadeó por el terror, volviendo a girarse y echando a correr por donde había llegado.